
Víctor de Regil
La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) vivió uno de sus rituales institucionales más significativos con la presentación del Primer Informe de Labores del segundo periodo rectoral de la Dra. Lilia Cedillo (2025-2029). Más allá del tradicional ejercicio de rendición de cuentas, el acto se consolidó como una firme declaración de principios en un momento político y social crucial para el estado de Puebla y para la educación pública superior en México.
En un auditorio que congregó a la comunidad universitaria y a las cúpulas del poder político, el mensaje de Cedillo no solo se limitó a la frialdad de las cifras, sino que proyectó la ruta humanista que ha caracterizado su gestión desde su llegada al máximo cargo de la institución en 2021. Este informe marca el inicio del «segundo aire» de una rectora que, lejos de desgastarse en el ejercicio del poder, parece haber afianzado su legitimidad entre las bases estudiantiles y académicas.
El primer gran eje del informe radica en la escala que ha alcanzado la universidad. Con una matrícula histórica que supera los 130 mil estudiantes, la BUAP se consolida como el principal motor de movilidad social en la región central del país. Mantener la calidad educativa y la estabilidad operativa con una comunidad de tales dimensiones es, por sí mismo, una hazaña de gestión pública.
Sin embargo, el verdadero mérito de la administración de Lilia Cedillo no reside únicamente en el crecimiento cuantitativo, sino en cómo se está dando esa expansión. La presencia de la universidad en 32 municipios de Puebla demuestra un compromiso real con la descentralización de la riqueza intelectual. Llevar la educación superior a los complejos regionales no es solo un logro administrativo; es un acto de justicia social para miles de jóvenes que, de otro modo, verían truncado su futuro profesional por barreras geográficas y económicas.
Uno de los puntos más aplaudidos de la jornada fue el anuncio en materia de apoyos económicos. En un contexto nacional donde los presupuestos públicos suelen ser objeto de severas disputas, la BUAP logró otorgar 75 mil becas institucionales. Lo verdaderamente destacable de esta cifra es que 15 mil de estos apoyos fueron financiados directamente con recursos propios de la universidad, producto de una disciplina financiera y una política de austeridad interna que prioriza al alumno por encima de la burocracia.
El componente político del informe no fue menor. La presencia del gobernador Alejandro Armenta y su anuncio de nuevos proyectos presupuestales para la infraestructura universitaria, como la remodelación de la alberca de Ciudad Universitaria y la ampliación de complejos regionales, reflejan una relación de mutuo respeto y coordinación republicana.
Es sano para Puebla que el Poder Ejecutivo estatal entienda a la BUAP como una aliada estratégica para el desarrollo social y no como un botín político o un contrapeso incómodo. La inversión en la universidad pública es la inversión más rentable que un gobierno puede hacer a largo plazo, y la sintonía mostrada entre Armenta y Cedillo augura un periodo de estabilidad institucional idóneo para el estado.
La autonomía no es un escudo para la opacidad; por el contrario, como lo demostró este informe, es la condición indispensable que permite a la ciencia, la cultura y el pensamiento
El camino hacia 2029 luce retador. Mantener el ritmo de crecimiento, garantizar la seguridad en los entornos universitarios y profundizar la investigación científica en tiempos de presupuestos medidos exigirá lo mejor de la administración central. No obstante, este Primer Informe de Labores deja una certeza clara: bajo el liderazgo de Lilia Cedillo, la BUAP avanza con paso firme, combinando el rigor de la ciencia con la calidez del humanismo, y consolidándose como el patrimonio social más valioso de los poblanos.
