EN LAS NUBES. Del Ingreso al Servicio Exterior Mexicano

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Hoy tan de moda los problemas diplomáticos, vaya a representar a México, y la aceptación o beneplácito al candidato, nos valemos de la experiencia de un embajador emérito, en retiro, para enterarnos a conciencia.

Don Antonio Pérez Manzano nos envía su crónica.

Que compartimos, inclusive con el señor de las mañaneras:

Viene al caso aclarar que dicho sistema para el ingreso al SEM ha sido modificado y de acuerdo con la convocatoria del 4 de noviembre de 2021, los aspirantes deben de cumplir cinco etapas del concurso

El Concurso se desarrollará en tres etapas eliminatorias y los resultados de cada una de las etapas son inapelables.

En la primera etapa eliminatoria del Concurso, no se permitirá el acceso al recinto para contestar el examen correspondiente a quien llegue después de que la primera persona concursante de cualquier sede haya entregado su examen resuelto.

Durante el desarrollo de los exámenes de la primera y la segunda etapas eliminatorias del Concurso, no se permitirá a las personas participantes consultar ningún dispositivo electrónico como tampoco materiales de apoyo.

Quienes no presenten o acrediten alguna de las evaluaciones de cada una de las etapas eliminatorias, perderán el derecho de continuar participando en el proceso de selección del presente Concurso.

5.1 Primera etapa eliminatoria. La primera etapa eliminatoria estará integrada por los siguientes exámenes:

  1. Examen de cultura general orientado a las relaciones internacionales: martes 19 de abril de 2022.

Jueves 4 de noviembre de 2021 DIARIO OFICIAL

  1. Examen de español: miércoles 20 de abril de 2022;
  2. Examen escrito para comprobar el dominio del idioma inglés: jueves 21 de abril de 2022; y
  3. Examen que demuestre la capacidad para traducir uno de los otros idiomas oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (diferentes al español y al inglés): árabe, chino, francés o ruso, así como los idiomas alemán y japonés: viernes 22 de abril de 2022.

Este examen corresponde al idioma extranjero de traducción que seleccionó voluntariamente en su solicitud de inscripción y, por tal motivo, a ninguna persona aspirante se le autorizará cambiar de idioma.

5.2 Segunda etapa eliminatoria. La segunda etapa eliminatoria se realizará en la Ciudad de México y estará integrada por los siguientes exámenes:

  1. Elaboración de un ensayo sobre un tema de actualidad en política exterior: martes 2 de agosto de 2022. El tema será seleccionado de una lista que se proporcionará el día del examen y su desarrollo se realizará en un máximo de cinco cuartillas, el cual se elaborará en computadoras que facilitará la Secretaría de Relaciones Exteriores;
  2. Examen psicológico: miércoles 3 de agosto de 2022;
  3. Examen de redacción para comprobar el dominio del idioma inglés: jueves 4 de agosto de 2022;
  4. Examen oral para comprobar el dominio del idioma inglés: viernes 5, lunes 8, martes 9 y miércoles 10 de agosto de 2022; y
  5. Entrevistas que serán aplicadas por personas sin ningún nexo con las personas concursantes: jueves 11, viernes 12, lunes 15 y martes 16 de agosto de 2022. Si el número de concursantes lo amerita, el periodo de entrevistas podría ampliarse hasta el jueves 18 de agosto de 2022. Participarán en la tercera etapa eliminatoria hasta un máximo de 50 personas concursantes que hayan logrado los promedios más altos, siempre y cuando hayan obtenido la calificación mínima de 8.00 puntos sobre 10 puntos en cada una de las evaluaciones de la segunda etapa eliminatoria, con excepción del examen psicológico en el cual será necesario haber obtenido un resultado favorable.

5.3 Tercera etapa eliminatoria.

La tercera etapa eliminatoria se realizará en la Ciudad de México y estará integrada por los siguientes componentes:

  1. Examen médico: jueves 20 y viernes 21 de octubre de 2022. El lugar de su aplicación se dará a conocer en su oportunidad;
  2. Cursos especializados en el Instituto Matías Romero con una duración de seis meses: lunes 24 de octubre de 2022 al lunes 24 de abril de 2023; y
  3. Periodo de experiencia práctica en la Secretaría de Relaciones Exteriores con duración de dos meses: martes 25 de abril de 2023 al lunes 26 de junio de 2023.”

“Hace tiempo para la celebración de un aniversario de nuestra generación, mis compañeros y yo escribimos algunos comentarios sobre nuestras experiencias en la carrera diplomática; los cuales publicamos en la revista electrónica de la Asociación de Diplomáticos Escritores “ADE”. Mis vivencias descritas en dicha ocasión, las transcribo a continuación en forma resumida:

“Son innumerables los sentimientos que se agolpan en mi mente. Veo hacia atrás y por mi mente transcurren vivencias e imágenes de lo que ha sido mi vida como miembro privilegiado del Servicio Exterior Mexicano (SEM); así como también, trato de ver otro panorama, por ejemplo: ¿cómo hubiera sido ésta en el caso de no haber podido formar parte de este cuerpo de servidores públicos, destinado a servir a México más allá de sus fronteras?

Soy Nacido en la ciudad de Ocotlán, Jalisco -acostumbrado a trabajar y a estudiar desde antes de la secundaria-, terminé mis estudios universitarios con la sola idea de ingresar en el SEM.

Recuerdo todavía los consejos de personas bondadosas y realistas, que trataban de que me encaminara a otras actividades -para entonces yo ya ejercía la profesión de maestro de primaria-: y me cuestionaban: ¿Qué apellidos ilustres, credenciales o árbol genealógico te acompañan? Y yo les respondía (más bien me repetía a mí mismo) que tenía confianza en mis estudios y que creía que en México existía realmente la “movilidad social”.

Posteriormente, se produjo un intento más para tratar de centrarme en mis pretensiones, o evitar que fuera a sufrir una desilusión. Esto lo constituía uno de los requisitos para entregar la solicitud para participar en el concurso: había qué acompañar dos cartas de recomendación.

Ahí la cosa se puso difícil ¿quién me puede recomendar? Algunas personas me habían dicho que para estos casos se recurría a referencias de altos funcionarios del gobierno, gobernadores, senadores, diputados, embajadores, o empresarios reconocidos.

Para llenar el requisito, un amigo me consiguió una carta de un almacén de ropa y otro, de una fábrica de pinturas –según mi amigo de ese modo, la cosa ya no pintaba tan mal para mí- y ambas fueron aceptadas.

No obstante lo anterior, yo me tenía mucha confianza.

Una vez aceptado para concursar, empezó la batalla de los exámenes orales y en el primero –que era de Derecho Constitucional- quedan eliminados casi el 50% de los participantes, varios de ellos provenientes de Facultades de Derecho y algunos con maestría en esa especialidad. ¿Qué nos esperaba a los demás?

Total que de “panzazo” logré pasar esa primera prueba -cada examen era una aventura, pues como ya se dijo era un proceso eliminatorio- y cuando ya sentía que me iba elevando en los promedios y mejorando en el escalafón, presenté un examen del que salí muy satisfecho, recuerdo que era sobre Organismos Internacionales.

Mis compañeros me animaban, me felicitaban y cotejábamos conocimientos para quienes les faltaba pasar.

En eso pasa cerca de mí uno de mis maestros de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y me dice en tono severo: ¡Qué pena que uno de mis mejores alumnos ande arrastrando la cobija por acá!

Eso de plano me desmoralizó y por un momento medité si valdría la pena continuar, pero ya me faltaban pocos exámenes y decidí redoblar mis esfuerzos, estudiando a toda mi capacidad, para llegar hasta donde fuera posible y mi meta estaba en el nombramiento de Vicecónsul.

Sobreviví hasta el momento de presentar los exámenes escritos de “tesis”, los exámenes de idiomas y la entrevista con funcionarios de la Cancillería.

Dicho sea de paso, algunos compañeros desertaron, cada quien por diferentes razones, seguramente todas ellas válidas. Como sea, me ubiqué entre los primeros 10 del escalafón y solamente quedé a deber la traducción de un idioma, para lo cual se me dio un año de plazo, antes del cual cumplí con mi compromiso.

Como puedo leer en mi Constancia de Nombramiento, de fecha 3 de abril de 1973 (que tuve a la vista), está firmada por la entonces Oficial Mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Ma. Emilia Téllez (Emilita) y por el Subdirector General del Servicio Diplomático, Víctor Manuel Rodríguez.

Según dicho documento este ranchero enamorado fue adscrito a la Embajada de México en Guatemala, con un sueldo de $1,485.00 Dls. (menos descuentos de impuestos y cuotas de la seguridad social.)

Como me dejaron más de 3 años en ese hermoso y hospitalario país, ya de ahí no pude salir solo y –según yo- Jalisco perdió a uno de sus solteros más codiciados, al quedar atrapado en los brazos amorosos de Sandra Michele Johnston Sandoval, quien me ha seguido y apoyado en mi aventura profesional y aún después de más de 45 años, sigue siendo mi esposa (este último dato lo he ido actualizando, porque si no, me regañan).

Ya como familia, el Servicio Exterior nos ha ofrecido muchas oportunidades y beneficios:

Mi esposa ha estudiado –entre otras cosas- pintura en casi todos los países en que hemos estado, incluyendo México, lo que nos ha reportado muchas satisfacciones.

Nuestros hijos Raúl y Rocío, se educaron en el sistema francés y terminaron sus estudios superiores en la Universidad Anáhuac de México.

Raúl es Licenciado en Derecho, con una Maestría en la Universidad de Chicago, empezó a trabajar en un despacho de abogados en la capital de la República y posteriormente se independizó fundando su propio despacho; contrajo matrimonio con la profesora Cecilia Escalante y nos ha obsequiado con un nieto guapo e inteligente.

Raúl y Ceci continúan impartiendo cátedra y estudiando otra especialidad en sus respectivas profesiones.

Rocío se recibió de Médico Cirujano, cursó estudios en el Instituto Kaplan de Washington, para una futura sub-especialidad.

A su regreso cumplió con la residencia en un importante hospital de la Ciudad de México. Posteriormente, gracias a su esfuerzo y dedicación fue aceptada para llevar a cabo otra sub especialidad en el Massachusetts General Hospital-Universidad de Harvard, localizado en Boston, Estados Unidos.

Luego de su nueva inserción en México, contrajo matrimonio con Mauricio Tello -economista- y después de un tiempo la pareja viajó a Nueva York, Estados Unidos, donde ambos trabajan en sus respectivas profesiones: Rocío fue contratada por el Memorial Sloan Kettering Cancer Center of N. Y. Por su parte Mauricio continúa en Standard and Poors.

Sobre todo lo anterior, reflexiono: Cuando estoy cerca de pasar a disfrutar de los beneficios de la jubilación, ¿qué más le puedo pedir a la vida? Quizás solamente haber contado con mis padres, que ya no pudieron seguirme hasta estos momentos.

Por ahora, el resto de la familia disfruta de salud y de una manera u otra, ha alcanzado sus metas.

Yo he sembrado árboles, he escrito algunos trabajos -de los que ya habrán leído u oído hablar- y siento que siguiendo en el Servicio Exterior, o más allá de esta hermosa profesión, siempre habrá algo qué hacer por nuestro país, para devolver a la sociedad parte de todo lo que nos ha otorgado.

Estoy muy agradecido con la vida, con mi país y con mi familia, por haberme dado la fortuna de desempeñarme con entrega, con cariño y con éxito, en una de las más hermosas profesiones.”

Precisiones sobre el Método y procedimientos durante los exámenes orales:

Además de los comentarios anteriores, escritos para ser compartidos con mis compañeros de generación del SEM, puedo agregar que la etapa del concurso de ingreso fue realmente desgastante; las tensiones y la incertidumbre sobre los sinodales que nos tocarían en cada examen, su forma de preguntar y de calificar; así como muchos otros factores que giraban en torno a la obligación de presentar dos o más exámenes por semana, para los que había que estudiar entre 25 y 35 temas muy extensos cada uno –dependiendo de la materia.

Algunas más o menos, las dominábamos por haberlas estudiado durante los años de universidad, pero otras como Derecho Constitucional Mexicano y Economía Política, que cuando mucho pudimos llevarlas durante un semestre, las sentíamos más difíciles.

Las otras materias motivo de examen fueron Derecho Internacional Público, Política Exterior de México, Organismos Internacionales, Derecho Internacional Privado, Geografía Económica de México y Comercio Internacional.

Para la presentación de cada examen la organización era la siguiente: Los apellidos de los concursantes se sorteaban y se publicaba el orden en el que se iban a examinar ante un jurado integrado por algún funcionario del SEM y dos académicos.

Al ingresar a la sala oval los sinodales estaban sentados frente a un escritorio, sobre el cual destacaba la “fatídica ánfora” donde previamente se habían depositado los números de las fichas o temas a desarrollar.

También había mesas laterales colocadas en forma de herradura, donde se permitía a otros compañeros presenciar el examen.

l sustentante se sentaba frente a los examinadores y después de los saludos de rigor, el presidente del jurado invitaba al participante a girar la tómbola y extraer de la misma tres pequeñas esferas, donde aparecían los números de los temas a desarrollar.

De acuerdo con el criterio del presidente del jurado, se decidía con cual tema se debería empezar a exponer y después de hacerlo, cualquiera de los miembros del jurado podía preguntar, aclarar o refutar lo dicho por el aspirante a vicecónsul.

Cada examen, cada materia aprobada significaba un verdadero triunfo, pero de momento no era posible saber el resultado de aquel suplicio.

Hasta la tarde o al día siguiente se publicaban las listas con las calificaciones, en riguroso orden de escalafón.

Como antes comento, la batalla, la lucha, la competencia (dramatizando un poco) era de “vida o muerte”, de continuar en el concurso o de quedar eliminado. No quiero recordar –es más creo que ya lo olvidé- cuál sería mi estado de ánimo, cuando leo en las listas correspondientes mi calificación del primer examen (6.5 en Derecho Constitucional Mexicano), pero al ver que muchos otros concursantes ya no aparecían en la misma por no alcanzar el mínimo requerido, me consolé un poco.

Ese día de los aproximadamente 280 sobrevivientes, yo aparecía en el escalafón por allá en el lugar 170 o más.

Parecía una labor titánica luchar contra la corriente para lograr avanzar lo suficiente para quedar entre los 10 primeros lugares, de acuerdo con lo que había ofrecido inicialmente la Secretaría de Relaciones Exteriores, organizadora del concurso.

A la distancia no recuerdo el orden de los exámenes, pero en los siguientes fui obteniendo mejores calificaciones, alguna de 7.5 y otras superiores a 8.0 y me fui acercando a la meta; tomando en cuenta que otros competidores iban quedando eliminados y otros que decidieron desertar para presentarse en otra ocasión.

Aquellas semanas mis compañeros y yo, vivíamos en el “surrealismo”, andábamos como “almas en pena”, buscando o cazando todo tipo de información que nos pudiera ayudar a desarrollar los temas o fichas de cada examen.

Todavía no teníamos computadoras, ni existía internet para efectuar consultas.

Debo destacar la solidaridad y unión entre algunos de los compañeros, conocidos, o amigos. Estirábamos las horas del día y de la noche lo más que podíamos, para reunirnos a estudiar e intercambiar puntos de vista, inclusive ejercitábamos preguntas y respuestas.

Este periodo de tortura mental o masoquismo (así lo calificaban algunos de los concursantes) duró casi un mes. Durante el cual lo menos importante era alimentarse bien, o dormir una jornada completa.

De algún modo, al llegar el último examen oral, yo ya me había colocado entre los primeros veinte del escalafón.

Solamente faltaba el último jalón que también era eliminatorio y daba puntos, que era la presentación de dos ensayos escritos.

Como preparación para dicho examen nos habían proporcionado ciertos lineamientos, como este que decía que la SRE proporcionaría en la fecha señalada una lista de temas a desarrollar, de los cuales deberíamos escoger dos y escribir lo que supieras en un lapso de 8 horas, con un intermedio para comer.

Para ese propósito nos proporcionarían máquina de escribir a cada concursante, así como papel y otros materiales de oficina.

De ese modo, nos presentamos para dar inicio al examen.

No se permitía llevar ningún libro de texto, apuntes, ni acordeones; todo tenía que ser de memoria.

Recuerdo que después de recibir las primeras instrucciones y luego de una breve reflexión, procedí a seleccionar dos temas: a). Derecho del Mar: Mar territorial y Mar Patrimonial; b). Proceso de Integración en América Latina.

Después de esa selección inicial, me arranqué a elaborar un esquema hipotético de uno de los temas, que poco después se convirtió en el índice del ensayo; lo mismo hice con el segundo.

No obstante las condiciones tan difíciles para el desarrollo de dicho trabajo, mis calificaciones resultaron bastante buenas, con lo que logré colocarme en el noveno lugar.

Posteriormente, presenté los exámenes de idiomas, cuyos resultados ya no eran eliminatorios y tampoco influían en el escalafón.

El primero fue de inglés en el grado de “posesión” y el segundo de francés, este solo de traducción.

Mucha suerte para todos los aspirantes y nombrados a la carrera.

craveloygalindo@gmail.com