
Víctor de regil
Puebla atraviesa un complejo escenario en materia de seguridad pública durante este 2026. De acuerdo con los de la Fiscalía del Estado, correspondientes al periodo de enero a septiembre de este año, la delincuencia se mantiene concentrada en dos grandes frentes: el despojo del patrimonio ciudadano a través del robo en múltiples modalidades y la preocupante proliferación de la violencia familiar, una epidemia silenciosa que no da tregua en los hogares poblanos.
A pesar de los discursos institucionales y los despliegues de las corporaciones policiales, las cifras del Secretariado Ejecutivo revelan que la incidencia delictiva general muestra comportamientos al alza en delitos de proximidad, aquellos que impactan directamente el día a día de las familias y la economía local. El análisis de las carpetas de investigación iniciadas revela que las zonas urbanas, encabezadas por el municipio de Puebla capital y su zona metropolitana, continúan siendo los principales focos rojos de la entidad.
El flagelo que más afecta la percepción de seguridad de los poblanos es el delito de robo. En los primeros nueve meses de 2026, la Fiscalía local documentó más de 23,080 carpetas de investigación por este ilícito a nivel estatal.
El análisis desagregado de los datos arroja tendencias alarmantes en la capital del estado, donde la delincuencia parece haber diversificado sus objetivos de manera agresiva. Uno de los fenómenos más notorios de este año es el repunte del 54.13% en el robo de cableado, tuberías y objetos destinados al servicio público. Este delito no solo afecta la infraestructura urbana y el alumbrado, sino que impacta de forma directa la calidad de vida en las colonias periféricas.
El transporte individual y colectivo ha experimentado incrementos del 13.2% y 10.31% respectivamente. Los usuarios de las rutas de transporte público en la zona metropolitana siguen enfrentando trayectos de alto riesgo, principalmente en las primeras horas de la mañana y los regresos nocturnos. Por su parte, el mercado automotriz ilegal y el robo de vehículos de cuatro ruedas y motocicletas se mantiene a la cabeza en pérdidas materiales patrimoniales, alimentando un mercado negro de autopartes que las autoridades no han logrado desarticular.
Demarcaciones como el Centro Histórico, las zonas universitarias y las unidades habitacionales del norte y sur de la ciudad, los asaltos a transeúntes y el robo a comercios locales se han convertido en una constante que obliga a los locatarios a cerrar más temprano y a invertir en sistemas privados de videovigilancia.
La violencia familiar se ha consolidado firmemente como el segundo delito más denunciado en el estado de Puebla, acumulando un total de 8,755 denuncias formales en lo que va del año.
Los datos duros revelan que la entidad promedia más de 30 víctimas diarias, afectando de manera desproporcionada e histórica a las mujeres, niñas y niños. Mayo se consagró como el mes con el mayor pico de agresiones domésticas registradas, un comportamiento cíclico que los especialistas vinculan a factores sociodemográficos pero, sobre todo, a la falta de medidas de protección eficaces y oportunas para quienes deciden romper el silencio.
Colectivos en Puebla advierten que esta cifra, aunque sumamente elevada, solo representa la superficie del problema. La «cifra negra» —delitos que no se denuncian por miedo a reprisalias, desconfianza en las instituciones o trabas burocráticas en las agencias del Ministerio Público— podría triplicar los registros oficiales.
En el municipio de Puebla, las investigaciones por narcomenudeo registraron un repunte drástico del 69.95%, escalando de 486 casos a 826 carpetas de investigación vigentes. Este incremento refleja tanto una mayor operatividad de las células de distribución de sustancias ilícitas en las colonias populares como un incremento en las detenciones por parte de las fuerzas del orden.
En el acumulado estatal de los primeros tres trimestres del año, la Fiscalía reportó 485 homicidios dolosos. Aunque las mesas de seguridad del gobierno estatal insisten en que se ha logrado contener la tendencia de ciertos delitos de alto impacto, como el secuestro y las extorsiones a gran escala, la cifra de muertes violentas mantiene una presión asfixiante sobre los cuerpos de seguridad pública y los sistemas de procuración de justicia.
El panorama hacia el cierre del año plantea un reto mayúsculo para las administraciones vigentes. La ciudadanía poblana demanda que las estrategias de seguridad pública dejen de centrarse en reacciones mediáticas y transiten hacia la prevención del delito en los barrios, la dignificación de los cuerpos policiacos y una verdadera eficacia en los tribunales para frenar la impunidad que alimenta estas estadísticas.
