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Relevo en Morena Puebla: ¿Transición Institucional o Parche en Tiempos de Definiciones?

 

 

Relevo en Morena Puebla: ¿Transición Institucional o Parche en Tiempos de Definiciones?

Victor de Regil

 

El escenario político de Puebla vuelve a agitarse con un movimiento que, aunque previsto en los manuales de la legalidad interna partidista, no deja de alterar el tablero de control del partido oficial. La salida de Olga Lucía Romero Garci-Crespo de la dirigencia estatal de Morena para sumarse de lleno a la contienda por la candidatura a la alcaldía de Tehuacán ha dejado un vacío en la cima del Comité Ejecutivo Estatal. La respuesta inmediata a esta obligada vacante ha sido la asunción formal de Guadalupe Siyancan Peregrina, quien hasta hace unos días operaba desde la discreción estratégica de la Secretaría General.

A simple vista, este enroque representa la aplicación pulcra y matemática de los estatutos de la llamada «Cuarta Transformación». La norma interna dicta que, ante la ausencia definitiva de quien encabeza la presidencia, la Secretaría General debe dar el paso al frente para garantizar la gobernabilidad y evitar la parálisis operativa. En ese sentido, Peregrina Díaz no hace más que cumplir con el mandato burocrático que su cargo le exigía. Sin embargo, en la política mexicana, y particularmente en el seno del partido mayoritario, los movimientos institucionales rara vez son simples trámites administrativos; son, por el contrario, termómetros que miden las tensiones, las lealtades y las ambiciones de los grupos de poder que cohabitan bajo las mismas siglas.

El gran desafío que enfrenta la nueva presidenta interina no es menor. Asume las riendas de un partido que en Puebla arrastra la inercia de triunfos electorales contundentes, pero que internamente vive un permanente estado de ebullición debido a las pugnas por las candidaturas municipales y las regidurías. Dirigir Morena en el estado en este preciso momento implica mucho más que firmar acuerdos y presidir asambleas; requiere una capacidad de arbitraje político al más alto nivel para contener las legítimas, pero a veces desbordadas, aspiraciones de las distintas corrientes locales.

La gestión de Romero Garci-Crespo estuvo marcada por un esfuerzo constante de alineación con el proyecto central y con los liderazgos locales dominantes. Su salida para buscar refugio político en Tehuacán abre un compás de espera y, al mismo tiempo, enciende las alertas sobre el rumbo que tomará la estructura formal del partido. ¿Tiene Guadalupe Siyancan el peso específico y el respaldo de las cúpulas para consolidarse en el cargo, o su estancia en la presidencia será puramente testimonial, un interinato de transición mientras el Comité Ejecutivo Nacional decide quién será la figura definitiva que guíe al partido en los próximos procesos?

Por ahora, la naturaleza temporal de su encargo la coloca en una posición de vulnerabilidad estratégica. En política, la provisionalidad debilita la autoridad. Los actores políticos locales, los alcaldes en funciones, los diputados y los aspirantes a cargos de elección popular suelen mirar de reojo a las dirigencias interinas, sabiendo que las decisiones de verdadero calado se seguirán tomando en las mesas de negociación nacionales o en los despachos del poder público estatal. Peregrina Díaz tendrá que operar con pies de plomo si quiere que su voz sea escuchada y respetada por una militancia que suele ser sumamente vocal y poco disciplinada cuando detecta debilidad en la cúpula.

El verdadero examen para la presidenta provisional vendrá con las definiciones que emita el CEN de Morena respecto al mecanismo para cubrir formal y permanentemente la vacante. Mientras ese momento llega, Guadalupe Siyancan Peregrina tiene ante sí la oportunidad histórica de demostrar que la Secretaría General no era un simple trampolín burocrático, sino una escuela de alta política. De su capacidad para mantener la cohesión interna, evitar fracturas públicas y procesar las inconformidades de la militancia dependerá que este relevo sea recordado como una transición institucional ejemplar o, por el contrario, como un parche apresurado en un momento crucial para el futuro político de Puebla. Los días venideros dirán si el interinato es solo una pausa en el camino o el inicio de un nuevo liderazgo formal.