
Mosiah Vargas «El León». Nacido en el “lugar de las águilas”, Morelos. De padre guanajuatense y madre morelense, el segundo de tres varones, vivió toda su infancia y parte de su adolescencia en la colonia Zapata. Tres años en un internado mormón, en el otrora DF, donde jugó futbol americano para dar golpes, y para aguantar los que le dieran, seguido de dos años de misionero en Oaxaca, definieron su vida para bien. Aspirante a médico, dice que quería curar a la gente, ahora desea ayudar a sanar sus almas. Fiel defensor del amor, aún lo sigue dando, aún lo sigue buscando, dice que lo encontrará. Todas las tardes se gana la vida vendiendo “cubiletes” de queso, en el centro de Cuautla, sonriéndole a la vida.
El ejército del amor
León, a bordo del automóvil, observa pensativo la cuidad, en la que ha vivido la mayor parte de su vida. Los mensajeros lo miran por el espejo retrovisor, se miran entre sí y uno de ellos le habla:
—¿Estás bien?, parece que se te fue la energía.
—Mmm, estoy bien, sólo un poco consternado, me tomó por sorpresa la aparición de ella.
—La vida tiene un plan para ti, está diseñado de acuerdo a tus necesidades. Algunas veces suceden imprevistos, pero logramos actuar a tiempo.
—Ella…, sentí una conexión muy fuerte, tan sólo mirarla hizo que todo el dolor saliera de mi cuerpo, y en su lugar una enorme felicidad me llenó; fue algo mágico y real.
Los mensajeros se sonríen entre sí:
—Ya casi llegamos a nuestro destino.
Se detienen en un edificio, de fachada blanca, con techo cubierto de tejas rojas, adornado de verdes jardines y arbustos frondosos.
—Síguenos —le dicen mientras caminan por un pasillo, para adentrarse en él.
León observa maravillado el lugar, no solo por su arquitectura sencilla, sino por sus enormes ventanales que reflejan los rayos del sol por fuera, e iluminan su interior.
Entran en un salón, perfectamente iluminado, donde hay una entrada del lado izquierdo, que conduce a una pileta llena de agua, con unos escalones que permiten bajar hacia ella, y dos puertas corredizas a la derecha.
Uno de ellos entra, y se coloca en medio, con el agua hasta la cintura. El otro abre las corredizas, permitiendo ver desde el fondo del salón, y se coloca de un lado.
Un tercero llega y se pone del otro.
—León, entra en el agua.
—¿No me van a ahogar?
Los tres se miran entre sí, se sonríen.
—No tengas miedo, no dudes, solo confía.
Respira profundamente, mete un pie, luego el otro y siente el agua tibia. Camina hasta el y lo mira a los ojos.
—León, cuando te sumerja en el agua, entrarás a un lugar donde serás preparado y apartado para que encuentres lo que tu corazón añora.
Él lo toma de una mano, y con la otra lo sujeta de la espalda. Lo sepulta en el agua, mientras los otros observan para dar testimonio.
Mientras está sepultado, con los ojos abiertos, recuerda todo el dolor y sufrimiento que ha pasado. Ve a sus hijas, desde que eran pequeñas, hasta convertirse en jovencitas. El pétalo parpadea con luz tenue y se queda encendido. Cierra los ojos y se deja llevar por el bello recuerdo de sus amadas hijas, y su corazón revive el momento que tuvo con la mujer de la larga corona negra.
El agua empieza a moverse. Abre los ojos y se ve sumergido a una gran profundidad. Mientras el pétalo está emitiendo su luz, siente como el agua lo mueve, desde el fondo, para trasladarlo a la orilla de una playa.
—Señor M, ya está en el lugar, hemos enviado por él.
—Gracias, iré a prepararme.
—¿Dónde estoy? —se dice a sí mismo.
Sale del agua, muy sorprendido, y observa una fortaleza de fachada blanca, a varios metros de distancia. A lo lejos ve a dos hombres, vestidos de blanco, caminando hacia él.
—¡León, es un gusto verte, estamos muy emocionados de tenerte aquí!
—Permítenos presentarnos, somos los diáconos, y hemos sido asignados por El Gran Creador, bajo la dirección del señor M, para servir en las misiones del amor —le extienden la mano sonriéndole.
—Yo soy el diácono Asher (feliz)
—Y yo soy el diácono Ezra (ayuda)
—Hola, ¿en dónde estoy?
—Ven con nosotros y lo verás por ti mismo.
Entran en él y los recibe el señor M, vestido de camisa blanca, pantalón negro, y lleva puesta una máscara de tela blanca, que impide revelar su rostro.
—Señor M, ya está aquí con nosotros.
—Gracias, pueden retirarse. Bienvenido León, es un gusto verte en persona, soy el señor M, encargado de este lugar y de ayudarte en tu misión, ¿qué te pareció el traslado?
—Todo esto me parece un sueño, uno muy bueno y fantástico…, su voz me suena familiar. Y ¿por qué lleva una máscara? —le pregunta asombrado.
—Es parte de mi oficio y ¡claro que lo es!, la mayoría de la gente de tu mundo ya no cree en lugares como este, ya no cree en el poder del amor, ni en los milagros que cambian vidas. Pero ven acá, ¡déjame abrazarte!
Lo hace efusivamente, aunque él sigue asombrado por su traslado, por los mensajeros, los diáconos y el poder del pétalo.
—Puedo sentir, por que tu espíritu lo refleja, que estas enamorado de ella, la mujer de la larga corona negra. La he visto, es muy hermosa, no me extraña que quieras amarla. ¡Ese incidente que tuvieron…! uff, estuvo cerca.
—No es sólo su belleza, es algo más grande: es la bondad que veo en ella, es la alegría que siento cuando pasa a mi lado; es su aura que me ha iluminado tiempo después de que fui…, que sufrí… desamor… pensé que quizá jamás volvería a sentir algo así por una mujer. Cada vez que la veo, me hace querer ser un mejor hombre para estar a su lado. Y…, cuando nos vimos la primera vez, fue un momento mágico —le confiesa mientras su rostro se llena de felicidad.
—¡Eso es maravilloso!, por eso estas aquí, para que estés listo para ella. Sígueme, te mostraré algo.
Se dirigen al fondo del edificio, quedando frente a una puerta grande de oro, que da hacia la explanada de la fortaleza. El señor M la abre:
—Te presento al ejército del amor.
Ante sus ojos, se despliegan numerosos grupos de diáconos, todos vestidos de blanco, perfectamente formados.
—¡¿Quiénes somos?! —grita el señor M
Dan tres palmadas fuertes con la mano derecha, sobre el lado izquierdo de sus pechos y corean:
Somos el ejército del amor
Marchamos en unión
En la noche más oscura
Combatimos el desamor
Somos el ejército del amor
Manos que ayudan
Al caído y al herido
Con bondad fraternal
Somos el ejército del amor
Luchamos de corazón
Jamás dudes de ti
Para encontrar el amor
—¡Les gusta la poesía, a mí me encanta! —grita emocionado León.
—Por supuesto, yo sé que tú tienes esa sensibilidad para amar por medio de esa forma de expresión.
Tienes un corazón noble, se siente, y empezaremos por ver en qué estado se encuentra. Sígueme por favor, esto te va a interesar mucho.
29 de octubre de 2026
