
Mariela Verónica Peruffo. Originaria de Quilmes, provincia de Buenos Aires. Egresada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Ha realizado investigaciones en temáticas de infancia, adolescencia y la mujer. Participó en la creación de la Red de Unidades Interdisciplinarias de Adolescencia. Obtuvo en 2016 el título de especialista en Psicología Clínica de Niños y Adolescentes (UBA). Durante veintidós años practicó el psicoanálisis como analizante, obteniendo el final de análisis en la Escuela de Orientación Lacaniana de Buenos Aires. En la actualidad, es directora de un centro psico-integral, donde lleva adelante un dispositivo -de su autoría- denominado Arte Analítico. Es autora de los siguientes títulos registrados como obras inéditas no publicadas: La cucaracha se transformó en pluma; El lenguaje del cuerpo de un sujeto creador (Arte Analítico); La luna se va; y Voces femeninas. Es coordinadora de Sabersinfin Buenos Aires. Es productora del programa Poesía Lunar y conductora del ciclo de entrevistas a poetas y referentes de la cultura, Entre Versos, en Sabersinfin.com.
El lagrimal sentido
En el encuentro con el sentido del lagrimal, la compulsión cae. Escribir, tomándome la pausa, creando la metáfora, entrar a otro registro. Me elevo, haciendo poesía con mis palabras. Las sensaciones de dureza de mi alma aflojaron, dejando la temperatura liberada, conquistada, en el territorio de la belleza. Frente al portal de la imaginación siento mi cuerpo bailando con mi voz, siendo “uno” dentro de un caparazón. El lagrimal liberado, ya no estrangulado por el mar de lamentos derramado en un mantel blanco o de color, se humedeció, se dejó sorprender. Desde mi nariz subió una lágrima por ahí, lo mojó, lo revivió, al devolverle su sentir.
Es tiempo de vuelo
El sonido de los segundos que se van sucediendo, uno detrás de otro, da una sensación hecha creación, una experiencia de viventud que te hace sentir la gracia por el solo acto de respirar. El esfuerzo constante va desprendiendo sentido, permitiendo viajar en capas, en imágenes, hacia la actualidad. El dolor de dejar atrás el pasado, la nostalgia del recuerdo, del tiempo que no vuelve más, provoca una amargura causada por la impotencia de no haber podido llegar a la meta, incluso cuando hice más de lo que debía hacer. El error estaba en el «más», no en el «hacer» sino en el «más». Ser moderada, aplicada y ordenada estaban marcadas a fuego con una exigencia que me hacía sentir culpable, incluso cuando no descansaba.
Los colores se fueron transformando en gamas de tonalidades tornasoladas sobre el cuerpo del gusano, ese mismo que estaba haciendo que sus alas comiencen a verse marcadas, tomadas por los nuevos colores que se asomaban. La vida había llegado, dándole la vuelta de sentido a lo anterior, como capas de traducción, hasta llegar a una única palabra poderosa que resume todo el armado de una historia. Cuando la escucho en mi oído, la reconozco, la acepto, la lloro. Cae como la pluma desde la punta del árbol, desde donde el pájaro estaba mirando. El gusano con alas toma fuerza, hasta atravesar la caída del dolor, ese mismo que le impedía sentir.
En esta vida, con la imaginación se puede volar. Las alas de color rosado le permitieron sentir el aire sobre su rostro, liberado del pasado. Su vuelo consecuente le permitía avanzar sin tener que esforzarse al fonar. La voz potente liberada se encontró cantando, como se imaginaba que cantaba una mariposa.