
Margarita Valdez Medina. Doctora en Educación, Maestra en Educación y Licenciada en Psicología. Cuenta con Diplomados Inteligencia Emocional, Tanatología y Desarrollo Integral del Ser Humano por el Instituto Gestalt.
Cinco años de experiencia académica como docente en educación superior en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, en la Licenciatura en Enfermería.
Dos años de experiencia académica como docente en educación básica privada.
Facilitadora de charlas-taller en el grupo “Crece fluye y mueve tu mente”, “Mujer nutriendo mujer”, así como del círculo de estudio “Leyendo desde el corazón”.
Mediadora de Lectura del programa Lecturas Andantes (Reflexionario Mocambo y UV).
Actualmente se desempeña como psicóloga voluntaria en la Cruz Roja Mexicana, Delegación Veracruz-Boca del Río, brindando acompañamiento psicológico en el área de salud mental y apoyo psicosocial.
El valor de un instante
(Cuento)
Era un día soleado en la playa Boca del Río; el sol brillaba y hacía calor en el puerto de Veracruz.
Agosto era el mes más esperado por toda la familia, ya que nos iríamos de vacaciones. Durante todo un año se planeó ir a la playa, para escuchar el suave oleaje, respirar el aire fresco a la orilla del mar y sentir la brisa fresca en el cuerpo.
La abuela Ceci se veía hermosa con su traje de baño floreado enterizo, el cual simulaba tener una falda corta. El abuelo Chon siempre viste pantalones porque ese es su estilo, y observarlo con una bermuda de hojas hawaianas color verde, era extraño, pero me agradó verle así.
Con paso lento pero firme va hacia donde está la abuela, le toma la mano y la guía hacia el frondoso camino que desemboca en el abrazo de la playa.
«Rufo», nuestro perro de color café claro con manchas blancas, pedía jugar con papá. Por otro lado, mamá preparaba unos deliciosos sándwiches con jamón, tomate, aguacate y mayonesa.
Mi hermana Titina y yo hacíamos castillos en la arena. Sin duda, esa mañana había sido una de las mejores, hasta que, de pronto, el salvavidas que cuidaba esa área se acercó a mis padres y les dijo algo. Debió ser importante, porque inmediatamente recogieron las cosas y nos pidieron subir todos al auto.
Al llegar a la habitación del hotel, encendieron el televisor y se escuchó una noticia: una tormenta se aproximaba.
Sentí un nudo en el estómago y comprendí la razón por la cual mis padres recogieron todo deprisa en la playa. Escuchar la noticia me llevó a recordar a mis padres hace varios meses atrás, planeando las vacaciones y ahorrando dinero con mucha ilusión, y cómo en un momento todo cambia. La vida son instantes, instantes que atesoraré del viaje más lindo en la playa, con la tierna imagen de mis abuelos tatuada en mi corazón.
