El paquete económico que viene

 

Víctor de Regil

 

Con una situación compleja en el país, pero también en el ámbito internacional principalmente por las presiones ejercidas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en ese contexto se presentó el Paquete Económico 2026. Se trata de un proyecto que, por si faltara algo, ha generado críticas y preocupaciones en diversos sectores debido a varios aspectos negativos y potencialmente riesgosos.

Dentro de las criticas que se han presentado, encontramos el aumento de impuestos a productos como bebidas azucaradas, tabaco y videojuegos, considerándolo un golpe directo al bolsillo de las personas, especialmente a aquellos con menores ingresos.  Esto podría profundizar la desigualdad y frenar la recuperación económica esperada para 2026.

Por su parte, Hacienda estima un crecimiento económico de entre 1.8% y 2.8% en 2026, lo que algunos consideran excesivamente optimista en comparación con las estimaciones de instituciones financieras y organismos internacionales. El paquete económico contempla un aumento significativo de la deuda pública, lo que podría comprometer a futuras generaciones y generar desbalance fiscal.

Aunque el gobierno de Claudia Sheinbaum argumenta que los impuestos a productos nocivos buscan mejorar la salud pública, algunos críticos señalan que no hay evidencia clara de que estos impuestos hayan tenido un impacto positivo en la salud en el pasado.

De hecho, el panorama es alarmante, pues se está planteando la “fusión” de 11 programas, lo que en realidad será una desaparición de importantes esquemas que atendían padecimientos como obesidad, VIH, vigilancia epidemiológica y enfermedades crónicas.

Mientras se aumentan impuestos como el IEPS a bebidas azucaradas, nadie ha logrado responder de qué sirve cobrar más por un refresco si al mismo tiempo quitan los programas para combatir la obesidad.

Otra gran duda es el tema relacionado con los videojuegos. El gobierno federal incluyó en el Paquete Económico 2026 una propuesta para gravar con el IEPS los videojuegos con contenido violento, extremo o para adulto, no aptos para menores de 18 años.  La medida plantea una tasa de 8% que aplicará a las ventas en formato físico y a los servicios digitales de acceso o descarga, ofrecidos por empresas nacionales o extranjeras sin establecimiento en el país.

Según un estudio de The Competitive Intelligence Unit citado por el gobierno federal en su propuesta, los tres tipos de videojuegos más usados en México son acción/aventura, estrategias y disparos. Además, cuatro de los cinco juegos más demandados a partir de 2021 se encuentran en el género de violencia. Pero lo que no está para nada claro es si ello verdaderamente se verá reflejado en una disminución en el índice delictivo en el país.

¿Reducir o acotar el uso de videojuegos violentos va a evitar o reducir al menos la violencia criminal que padecen los mexicanos todos los días?

Los impuestos al consumo suelen tener un carácter regresivo, afectando más a los sectores de menores ingresos. Algunos expertos cuestionan la priorización del gasto social sobre la inversión en infraestructura productiva, lo que podría limitar el crecimiento económico a largo plazo.

El paquete económico 2026 plantea una excesiva centralización de recursos en detrimento de estados y municipios. Ello afectará la realización de programas y obras que ya tenían en mente gobernadores y presidentes municipales.

Para el caso de Puebla, se espera un presupuesto de 130 mil millones de pesos para 2026.  Son, en términos nominales, 4 mil millones de pesos más respecto a 2025. Sin embargo, cuando se analiza a la luz del balance anual inflacionario, que es del 3.4%, en realidad es un monto 0.4% menor al que se está ejerciendo este año.

Puebla viene padeciendo severos golpes en su economía y no sólo por la difícil situación de la industria automotriz y la política arancelaria de Estados Unidos.

Cada vez hay más despidos y menos emprendimientos; crece el empleo informal y las industrias de la construcción y de la maquila no pasan por su mejor momento; en tanto, otros sectores productivos, otrora fundamentales para el progreso del estado, viven de plano en recesión, colgados de alfileres.