Teresa Vázquez Mata. El mago

 

Teresa Vázquez Mata. Convirtiendo en historia todo cuanto la rodea, construye nuevos mundos. Poniéndole color y energía al verbo, nos invita a reflexionar. Con sobrado talento, le ha dado valor a la narrativa contemporánea, regalándonos el México de su mirada o su sentir.

Su libro Entre vidas (selección de cuentos publicado por Ediciones Mastodonte, en CDMX) explora los dilemas del ser humano a través de cada uno de los personajes que habitan sus historias.

Bajo la tutoría del maestro Miguel Barroso Hernández, destaca en el Taller de Escritura Creativa Miró. Sus historias han sido incluidas en la Antología del III Concurso Nacional e Internacional de Relatos Breves, a que convoca el Ático, en Israel, en Otoño de Palabras, compilada por la Unión Estatal de Escritores Veracruzanos A.C.; así como en la Antología del XVIII Premio Orola de Vivencias 2024, publicada en Madrid, España. Y es que hoy, a Tere, escribir se le ha vuelto una pasión a la que no quiere renunciar.

El mago

 

Sergio era el menor de doce hermanos. La madre eternamente embarazada y el padre con sus sueños de artista frustrado, apenas lograban alimentar a toda la prole. Carecían hasta de lo más indispensable. Pero Sergio vivía en otro mundo…

Amaba la Navidad porque con ella llegaban los Reyes Magos. Traían juguetes a la docena de chamacos y un par de relucientes zapatos, a cada uno. Aquello, para él, significaba abundancia, felicidad y pasaba todo el año construyendo fantasías, en su mente, alrededor de aquella leyenda navideña.

¡Así creció! Y, de pronto, comenzó a vivir los diciembres vacíos… Pensó que los Reyes se habían vuelto selectivos y solo llegaban a las casas de los niños con padres solventes. ¿Cómo era eso?

Entonces, su madre le reveló un secreto:

—Nosotros, sí tuvimos un Rey Mago, pero no como los que te imaginas…

Sergio quedó aún más confundido.

—¿Recuerdas a nuestro vecino el sr. Miguel?

El muchacho asintió con la cabeza. Don Miguel se había mudado a otra colonia par de años atrás.

—Él fue nuestro Rey Mago —aseguró la mamá—. Él se encargó de cambiar tus zapatos viejos y sucios, cada año, por zapatos nuevos con regalos dentro… No te desilusiones —agregó—, porque las personas que hacen magia de verdad: ¡sí existen! Ustedes —dijo refiriéndose, también, a sus hermanos—, conocieron a un buen Mago.