¿Qué pasa con los mercados de Puebla?

Victor de Regil

 

La Red de Mercados Municipales de Puebla enfrenta una crisis multifactorial caracterizada por el deterioro de su infraestructura, el acoso de la delincuencia, conflictos internos por el control de los espacios y un rezago comercial. A pesar de los esfuerzos de fiscalización, el panorama de estos tradicionales centros de abasto combina el abandono institucional y la urgencia de una reestructuración profunda para evitar su desaparición frente a los nuevos modelos de consumo digital y las grandes cadenas comerciales.

De acuerdo con datos INEGI, Puebla registró la pérdida de miles de pequeños comercios minoristas durante los primeros meses del año. Los reportes de la Fiscalía General del Estado detallan además que los delitos violentos, las disputas territoriales de grupos delictivos y los robos a transeúntes dentro y fuera de estos recintos han mermado de forma crítica la afluencia de clientes, acelerando el cierre definitivo de locales familiares.

Un ejemplo delo anterior es el Mercado Zaragoza, que hoy opera bajo condiciones de abandono social e institucional. La falta de presencia policial permanente en los accesos principales convirtió sus pasillos exteriores en áreas propensas a asaltos, lo que ahuyentó a los clientes. Como consecuencia del desplome de ventas, decenas de comerciantes bajaron sus cortinas de manera permanente, dejando locales abandonados que han sido blanco del vandalismo y que, en algunos casos, albergan la venta clandestina e informal de alcohol.

La crisis se agudiza en el Mercado Morelos, considerado uno de los focos rojos más preocupantes de la capital debido a su alta incidencia delictiva. Este centro de abasto ha sido escenario de constantes operativos policiales, balaceras e intervenciones de las fuerzas del orden federales y estatales para desarticular células del crimen organizado. Los locatarios y clientes conviven con el estigma y el temor fundado por delitos de alto impacto como el narcomenudeo, el cobro de piso y violentas disputas por el control del territorio entre bandas delictivas rivales. Esta atmósfera de inseguridad no solo ahuyentó de manera masiva a las familias que surtían su canasta básica en el lugar, sino que obligó al abandono de decenas de locales comerciales, cuyos dueños prefirieron cerrar antes que convertirse en víctimas de extorsión.

El flagelo de la extorsión mediante el cobro de piso se ha consolidado como la principal amenaza para la supervivencia económica dentro del Mercado Morelos y zonas periféricas. Diversas células criminales imponen cuotas semanales obligatorias a los comerciantes de todos los giros, desde carnicerías hasta recauderías, bajo amenazas directas de violencia física, quema de locales o agresiones contra sus familiares. Esta recaudación ilegal estrangula los ya reducidos márgenes de ganancia de los locatarios, quienes ante la imposibilidad de pagar el tributo forzado y el temor generalizado a las represalias por denunciar ante la Fiscalía, optan por el desmantelamiento nocturno de sus puestos y el abandono definitivo del oficio comercial tradicional.

El emblemático mercado La Acocota, los más de mil locatarios de este recinto, ubicado en el Barrio de la Luz, lidian con severas fallas en el suministro de agua potable y el deterioro de techumbres. A esto se suman tensiones de seguridad urbana; recientemente, la presencia de grupos de manifestantes encapuchados en las inmediaciones obligó a cierres viales temporales y cierres anticipados de cortinas, lo que obligó a los locatarios organizados a desmentir públicamente extorsiones para intentar recuperar la confianza de un público temeroso de asistir.

Por otra parte, los conflictos internos por el control administrativo y los adeudos históricos complican la supervivencia de espacios históricos como el Mercado El Alto. Este tradicional punto de encuentro gastronómico y musical, situado en el barrio más antiguo de la ciudad, enfrenta disputas sindicales y operativas entre grupos contrarios de comerciantes.

El panorama se vuelve todavía más complejo debido a la enorme brecha digital que divide al sector comercial en Puebla. Mientras que los centros de consumo modernos y las tiendas de autoservicio se integraron a las plataformas de entrega a domicilio y automatizaron sus cobros mediante terminales electrónicas, la gran mayoría de los mercados tradicionales sigue operando exclusivamente con transacciones en efectivo.

Al carecer de infraestructura tecnológica, conectividad y esquemas de modernización, los mercados tradicionales poblanos continúan perdiendo competitividad a un ritmo acelerado, quedando marginados del flujo económico y transformándose en infraestructuras vulnerables que resguardan la identidad de la ciudad a costa del sacrificio de sus propios locatarios.