
Víctor de Regil
Uno de los museos más importantes del país es, también un sello de la corrupción que se dio en el gobierno de Rafael Moreno Valle. Y es que, La historia de corrupción detrás del Museo Internacional del Barroco está relacionada con su construcción y financiamiento durante el gobierno ese gobierno.
Como recordamos, el museo fue inaugurado en febrero de 2016 con una inversión significativa, aunque el monto exacto no se detalló nunca oficialmente. Sin embargo, se reportó que el costo total podría alcanzar los 7,300 millones de pesos, cubiertos a través de un contrato de 23 años con la empresa La Peninsular, vinculada a la familia Hank Rhon, la misma que también posee el control y el jugoso negocio de la concesionaria del agua en Puebla.
Fue de esta manera como el gobierno de Puebla firmó un contrato que comprometía al estado a pagar 500 millones de pesos anuales hasta 2040, lo que obviamente generó críticas y acusaciones de corrupción. Recientemente, el gobernador Alejandro Armenta ha calificado este contrato como “un mega fraude” y “monumento a la corrupción”.
Y es que, a pesar de ser una obra pública, el museo pertenecía a una empresa privada, lo que significaba que el estado pagaba por un inmueble que no era de su propiedad, por lo que Armenta anunció investigaciones sobre posibles irregularidades en la construcción del museo y ya logró renegociar la deuda, reduciéndola de 4,600 millones de pesos a 2,000 millones. Esto implica un ahorro de alrededor de 8 mil millones de pesos, pues de junio de 2025 a 2039 se proyectaba un pago de 10 mil millones de pesos.
Pero no solo es el tema del dinero, pues se ha cuestionado la presunta falta de piezas valiosas en el museo y su operación, ya que se extrajeron obras de otros museos para “llenar” sus salas de exhibición. Estas irregularidades y la forma en que se manejó el proyecto han generado un amplio debate sobre la transparencia y la gestión de recursos públicos en Puebla.
A pesar de la corrupción, el Museo Barroco es de gran importancia incluso internacional. Fue diseñado por el arquitecto japonés Toyo Ito, ganador del Premio Pritzker en 2013, es la única obra del japones en América. El museo cuenta con una estructura única que refleja la estética y el espíritu del barroco. Su diseño incorpora elementos característicos del arte barroco, como el movimiento, la luz natural y la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Dentro de sus propósitos, está difundir el legado del barroco como un arte global, que trasciende las fronteras geográficas y temporales. Ofrece exposiciones permanentes y temporales que permiten a los visitantes apreciar las diferentes manifestaciones del barroco, como la pintura, la escultura, la literatura, la música y el teatro.
El museo cuenta con salas inmersivas e interactivas que permiten a los visitantes vivir una experiencia multimedia única. Actualmente, por ejemplo, se exhibe una muestra de la obra del genio español Salvador Dalí, que vale mucho la pena visitar.
Algunas de las salas destacadas incluyen:
Dentro de sus atractivos está la proyección que explora las emociones humanas a través de obras de arte. Una sala que invita a disfrutar de la gastronomía, la moda y el entretenimiento barrocos.
El museo ofrece actividades complementarias, como talleres, conferencias, conciertos y espectáculos, para todos los gustos y edades. Su objetivo es acercar el arte y la cultura a todos los sectores de la población.
El Museo del Barroco es uno de los más importantes de la ciudad de Puebla, y su reapertura en 2023 lo convirtió en un espacio renovado para la difusión del arte y la cultura.
La reciente negociación para concluir el contrato de Asociación Público-Privada del Museo Internacional del Barroco, es indudablemente una gran noticia para el estado.
El MIB no sólo ya es de los poblanos, parte de su patrimonio. También el Estado contará con recursos económicos que no contemplaba para desarrollar proyectos de verdadero impacto social. Ojalá ese dinero no se pierda, como ocurre cada sexenio, en los canales de la corrupción institucionalizada, en el entendido que la ineficiencia es, también, una forma de corrupción.