Al momento

Mosiah Vargas «El León». Un comienzo

 

Mosiah Vargas «El León». Nacido en el “lugar de las águilas”, Morelos. De padre guanajuatense y madre morelense, el segundo de tres varones, vivió toda su infancia y parte de su adolescencia en la colonia Zapata. Tres años en un internado mormón, en el otrora DF, donde jugó futbol americano para dar golpes, y para aguantar los que le dieran, seguido de dos años de misionero en Oaxaca, definieron su vida para bien. Aspirante a médico, dice que quería curar a la gente, ahora desea ayudar a sanar sus almas. Fiel defensor del amor, aún lo sigue dando, aún lo sigue buscando, dice que lo encontrará. Todas las tardes se gana la vida vendiendo “cubiletes” de queso, en el centro de Cuautla, sonriéndole a la vida.

 

Un comienzo

 

Mosiah Vargas, El León

 

—Señor M, la segunda fase está en curso, mandamos a dos mensajeros.

—Gracias, diácono.

 

Dos jóvenes, con camisa blanca de manga corta, pantalón negro y corbata roja, tocan a la puerta:

 

Nadie abre la puerta.

—¿Compañero, está seguro de que estamos en la casa correcta?

León despierta de golpe con los suaves toquidos, brinca de la cama, se pone de pie, tropieza. Mira su reloj: 7:00 AM.

 

—¿Quién podrá ser? Nadie me visita nunca. ¡Un momento por favor! —grita mientras se dirige a la puerta, curioso.

 

Abre la puerta, y se encuentra con sus sonrisas vibrantes, con el sol bañando sus rostros de aspecto vigoroso.

 

Le extienden la mano y se presentan:

 

—¡Buenos días, es un gusto conocerle!, tenemos un mensaje —le dice uno de ellos.

—¡Buenos días, buscamos al señor León, le traemos un mensaje de amor! El gran Creador le ama —añade el otro joven y su corazón se revoluciona al escuchar la palabra “amor”.

 

—Buenos días —balbucea con tono escéptico —¿les gustaría entrar?, ¡no!, mejor hablamos aquí afuera, el día es hermoso y hay mucha luz, además mi casa es un desastre, porque no acostumbro a recibir visitas —menciona con un poco de vergüenza.

—¿Es usted el señor León?

—Sí, soy yo, sí.

 

Los jóvenes se sonríen entre sí, luego lo miran y le dice uno de ellos:

—La vida es un gran regalo del Creador, muestra de su amor por nosotros —le declara con firmeza.

—No hay mayor dolor, que el de perder el amor en nuestras vidas. Sabemos que usted ama a sus hijas, a su madre y a sus dos hermanos, eso es maravilloso. Y sabemos de la mujer que usted quiere amar, ¿verdad? —le dice con convicción el otro joven.

León tiene el pecho encendido, y se sorprende que sepan de ella.

—No se puede obtener el amor, sin primero darlo a otros.

—En la medida que usted dé amor a los otros, así como a usted mismo, entonces recibirá de vuelta todo lo que dio.

—Sabemos que esto es verdad.

—Y sabemos que usted lo puede lograr, lo creemos.

—Ahora, acuda a su trabajo, a la hora acostumbrada.

—Su viaje ha comenzado.

Antes de retirarse le mencionan:

—Ah, no lleve nada consigo, excepto el pétalo de la flor rosa.

 

León cierra la puerta, lleno de motivación y un compromiso firme, corre a prepararse.

Llega a su lugar de trabajo, la esquina en el centro de la ciudad, viste un pantalón de mezclilla, playera roja y botas negras.

Lleva consigo el pétalo, que guarda con cuidado en su bolsillo izquierdo.

Observa a la gente que camina a su alrededor, mientras el sol vespertino comienza a descender.

 

—Señor M, él está en el punto de partida, los mensajeros llegarán pronto.

—Enterado, muchas gracias diácono.

 

Inesperadamente, a lo lejos, León observa a la mujer de la larga corona negra, que camina del otro lado de la acera. Él, nervioso, da unos pasos hacia ella.

 

—Señor M, ella ha aparecido, no estaba calculado que eso pasara.

—No puede ser, ¡¿dónde están los mensajeros?!

 

León intenta cruzar hacia la otra acera, cuando un auto que conducen los mensajeros, le cierra el paso:

—¡Sube al auto, no estás preparado!

—Sólo quería verla un poco más cerca…

—¡No hay tiempo, sube ya!

 

León siente la adrenalina en su cuerpo, su corazón late con más fuerza, gira la vista con celeridad, esperando poder mirarla una última vez. Ella se detiene, sus ojos lo buscan, él encuentra con rapidez su mirada, el tiempo se detiene por un instante, y los ojos de ambos se miran, por primera vez, para entrelazarse.

El pétalo se mueve dentro del pantalón, logra salir, emite un destello luminoso, se queda con su luz parpadeante y él sube al auto.

 

—¡Vamos, salgan de ese lugar, ya! —grita el señor M.

 

El auto avanza rápidamente, mientras León, con el pétalo en la mano, observa cómo se va alejando de la mujer que quiere amar, hasta perderla de vista.

—¡Eso estuvo cerca! —suelta uno de los mensajeros.

—¿En qué estabas pensando?, pudiste estropearlo todo —le recrimina el otro.

—Lo siento, solo quería…, decir hola…y, ¿por qué el pétalo lanzó un destello cuando nos vimos?

—Ese pétalo es una guía para ti, por eso te pedimos que lo trajeras, además es la promesa que le hiciste a la flor rosa.

—Entonces, este pétalo, ¿es un indicador de que estoy cerca del amor?

Los mensajeros se miran entre sí, sonríen y asienten con la cabeza.

—Por eso debes de cuidarlo como tu vida misma. Te ayudará en tu viaje, siempre que creas en su guía.

—Cuando la vi a los ojos, sentí en mi pecho, que es ella —dice, mientras saca una barra de chocolate y come un trozo —me encanta el chocolate, me pone muy feliz.

—Al lugar donde vamos no debes llevar nada más que el pétalo, ¿tienes contigo algo más?

—Traigo un poema que le escribí después de que me visitaron.

—Tíralo por la ventana, puede que sea un distractor en tu viaje.

Abre el poema, lo mira fijamente, y lo arroja por la ventanilla. Cae al piso y el viento arrastra sus palabras escritas:

 

Viaje hacia el amor

 

Sentado en la silla de la esperanza

Un corazón noble te espera,

Como al sol naciente,

A que alumbres mi alma

Como lo has hecho

Desde que perdí mi luz.

Y hoy es el día

Que decido conocerte.

Me levanto de mi letargo

Con la fuerza de mis piernas

Para poder encontrarte,

Y cuando al fin suceda,

Tú puedas reconocerme

Como el hombre que amas.

Y podré refugiarme en tu pecho

Y mis labios

Pronunciarán tu nombre

Por primera vez.

 

 

 

 

21 octubre de 2026