Luz Gabriela Balcázar Murueta. Envuelta en ritmo

Luz Gabriela Balcázar Murueta cursó la licenciatura en Contaduría Pública en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Se ha desempeñado como organizadora de eventos culturales, realizadora de talleres, conferencias, cursos y líder en relaciones públicas. Ha participado en la Primera, Segunda y Tercera Antología Internacional de Poesía Sabersinfin. Conduce y produce el programa Generando Consciencia, el cual se transmite a través de Sabersinfin.com. Es integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin.

 

Envuelta en ritmo

 

Las lágrimas no la hacen regresar. Látigos de reproches, crueles verdugos, someten a los desdichados, obstinados en volver a alimentar sus efímeros cuerpos.

Mentiras y verdades desencadenan torbellinos en cascarones de embriones. El fuego de leña húmeda no es suficiente para avivar una vez más la caldera, dejando hollín en la vasija.

Los ritmos que hicieron danzar imágenes en los muros de su alcoba la envolvieron cuando ella salió por puertas y ventanas con el viento del invierno, sofocando la flama que las proyectaba, el único testigo de su existencia.

Oscuridad y bruma borran el sentimiento de credibilidad. El choque de aceros produce destellos, revelando el camposanto donde permanece como rosa embalsamada en cera.

Reposa serena, contando pétalos esparcidos en el manto nocturno. Estrellas titilantes en brazas de deseos observan el festín con mendrugos, mientras aguarda el calor que derrita la cera.

 

Enigma

 

En la sala, muros decorados con enormes cuadros de sucesos preservados, rostros de hombres y mujeres ajenos al devenir, ven pasar una vez más el carrusel. La amplia sala, con pisos entremezclados, guía los recorridos. Herencias de hombres que continúan conversando entre nosotros, a pesar de su ausencia. Frente a la ventana, ella observa los delicados movimientos con los que la natura anuncia tiempos de celebración. Sintiendo inquietud y curiosidad, sonidos diferentes provienen de detrás de la puerta.

Quedó absorta en la música que proviene del otro lado. Los acordes, atraídos por su misterioso magnetismo, son conducidos por una fuerza desconocida. Haciendo penetrar el lienzo, van más adentro con determinación, traspasan hasta llegar a su arjé. Abrupta, delicada y refrescante caricia para esos trazos suaves y bruscos que forman su imagen. Rodeada por la magia de la melodía, sintió por primera vez su palpitar produciendo una cascada ígnea, recorrido desbordado.

Abraza la melodía como las margaritas al sol en primavera. Esa fuerza de notas graves la arrebata del lienzo y se transforma en su vehículo. Ahora imagen y sonido, ambos seducidos por su enigma, diletantes de paisajes soleados, enormes prados, montañas enigmáticas, lagunas custodiadas por gigantes de cedro. Danzan en océanos iluminados por la madre complaciente.

En el horizonte, un sutil destello anunciaba la proximidad de una flecha. Un arcano agoniza; imagen y sonido, sonido e imagen, se estremecieron al sentir la levedad de un momento que sintieron eterno.