Lola Besil Ayala. El parque que atrapa la voz

Lola Besil Ayala. Tiene 8 años y estudia segundo de primaria en el Green Oaks. Vive en Veracruz y su sueño es ser artista plástica, pero contar historias también es una de sus metas, por eso ha decidido incursionar en el mundo de la literatura.

Le gusta leer, pintar, contar cuentos, convivir con sus amigas y su familia. En el Taller de Escritura Creativa Miró, impartido por el maestro Miguel Barroso Hernández, la futura arista o escritora, ya escribe sus primeros cuentos.

 

El parque que atrapa la voz

 

A un pueblito de Cuba viajaron dos hermanas en las vacaciones. Sus nombres eran Lola y Cayetana. Allí vivía su tatarabuela, frente a un parque lleno de árboles y de niños que jugaban o paseaban con sus padres.

Al segundo día de haber llegado, Lola y Cayetana estaban asomadas por la ventana y escucharon a un niño decir:

—Mamá, quiero ese globo, por favor, ¿me lo compras?

Lo que escucharon parecería normal en un parque donde hay vendedores y los niños se antojan de juguetes o golosinas, pero lo raro sucedió en la noche…

Lola y Cayetana se acostaron a dormir sin imaginar lo que pasaría. En la madrugada, Lola escuchó a alguien decir:

—Mamá, quiero ese globo…

¡Lo recordó de inmediato! Rápidamente, despertó a Cayetana y le preguntó si también lo había oído.

—¡No! —dijo Caye.

Se asomaron a la ventana y no vieron nada en el parque. Todo estaba solitario y en silencio. Entonces, regresaron a sus camas y en ese momento volvió a escucharse la voz del niño:

—Mamá, quiero ese globo…

La voz venía de afuera y volvieron a la ventana, pero el parque seguía vacío. Lola pensó que se trataba de un fantasma y Cayetana se cubrió la cabeza con las sábanas. ¡Qué miedo! Por suerte, la voz no regresó y, luego de un rato, el sueño las venció.

En la mañana, mientras desayunaban, Lola contó lo que había sucedido.

—Los fantasmas, no existen —dijo su mamá.

La tatarabuela no supo cómo explicarles que el parque guardaba la voz de las personas que lo visitaban. En el pueblo mucha gente decía haber escuchado, en las noches, las voces de aquel parque… las mimas voces que se escuchaban durante el día.