Ley Olimpia, algo que presumir

 

Víctor de Regil

Si algo tenemos que presumir como sociedad, es sin duda el triunfo social de la Ley Olimpia es indudable. Y es que la Ley Olimpia, iniciativa de la poblana Olimpia Coral, quien sufrió violencia digital por parte de su ex pareja, no sólo ha hecho historia en México, también ha tenido un impacto significativo en Estados Unidos, inspirando una legislación inédita para combatir este delito. De hecho, esta misma semana ya se convirtió en ley federal en la Unión Americana. Su trascendencia es tal, que actualmente se encuentra en discusión en los Congresos de Argentina, Honduras y Ecuador.

Incluso, recientemente, el presidente Donald Trump promulgó el proyecto de ley Take It Down el 19 de mayo, que tipifica el delito de difusión de imágenes no consensuadas o creadas con inteligencia artificial con contenido sexual o pornográfico. La ley fue presentada por los senadores Ted Cruz y Amy Klobuchar, y contó con la participación de las Defensoras Digitales del movimiento Ley Olimpia, quienes aportaron sus experiencias y conocimientos al proyecto.

En ese caso, la legislación busca proteger a las víctimas de violencia digital, obligando a las plataformas digitales a eliminar contenido íntimo no autorizado en un plazo de 48 horas después de ser denunciado. Es innegable que la Ley Olimpia ha sido un precedente internacional para reconocer la violencia digital como una forma de violencia de género y sancionar a los agresores. Tanto que ya es ley en Estados Unidos, donde más del 90% de las imágenes, videos o audios que son editados o generados utilizando herramientas de inteligencia artificial y que pueden mostrar personas reales o inexistentes publicadas en plataformas en línea tienen como objetivo a mujeres, quienes enfrentan consecuencias psicológicas graves, pérdida de oportunidades laborales, estigma social y revictimización.

Pero ¿Quién es Olimpia Coral? es originaria de Huauchinango, Puebla, tenía 18 años cuando junto a su novio grabaron un video sexual. Llevaban seis años como pareja. Con el tiempo, el video comenzó a circular por whatsapp. Pero sólo se le veía a ella, desnuda. Nada de él, misteriosamente.

Entonces, Olimpia se encerró en su propia tragedia. Fue normal. Todo le daba vergüenza. Tenía miedo. Abandonó sus estudios, sus salidas, su vida. Ella había accedido a grabar el video.

¿Quién iba a tomarle una denuncia?, se preguntaba. ¿Dónde estaba el delito?, le dijeron burlonamente en el Ministerio Público. Intentó suicidarse tres veces. Por fortuna fracasó. También vio cómo en las redes se mofaban de las mujeres, de sus cuerpos. Nadie hacía nada.

Es así como nació la Ley Olimpia, que no solo se quedó en la legislación de México, sino que ahora está sujeta a ser replicada también en Latinoamérica.

Olimpia Coral, quien recientemente se ha sumado como asesora en materia de igualdad sustantiva del gobierno del estado, considera que ya es momento de hablarle a las empresas, a aquellos hombres que hoy día tienen en su poder el dominio de los algoritmos, de la creación de plataformas y aplicaciones en dónde se continúa cosificando el cuerpo de la mujer.

Y agrega:

Para Olimpia, visibilizar la problemática es partir justamente de qué se quiere hacer. “Hoy en día es más fácil que bajen un tendedero de un acosador, a que bajen un mercado de explotación sexual en línea”.

El derecho a la intimidad sexual recogido en el Código Penal Federal forma parte de las reformas que se implementaron hace unos años como parte de la Ley Olimpia. En ellas se considera a la violencia digital como toda acción dolosa realizada mediante el uso de tecnologías de la información y la comunicación, por la que se exponga, distribuya, difunda, transmita, comercialice, oferte, intercambie o comparta imágenes, audios o videos reales o simulados de contenido íntimo sexual de una persona sin su consentimiento.

También plantea que se comete un delito cuando las imágenes divulgadas de contenido sexual son representadas por una tercera persona.

Sí, falta mucho camino por recorrer, pero visto lo visto, lo alcanzado hasta hoy por la Ley Olimpia y su impulsora, debe ser enaltecido y reconocido en su justa dimensión.