La pluma y la melodía

Homenaje Post Mortem a Úrsula Ramos

 

El pasado jueves 4 de diciembre de 2025 se llevó a cabo un homenaje post mortem a Úrsula Ramos, denominado La pluma y la melodía.

Les vamos a ir compartiendo los textos de las y los escritores que sumaron esfuerzos y complicidad para honrar a su maestra, a través de la palabra.

 

Mauricio Peña es un creador interdisciplinario porteño, en las áreas de escritura, investigación histórica y producción visual.  Su trabajo combina investigación documental y exploración literaria para recuperar episodios, voces y espacios que permanecen en los márgenes de la historia oficial. En sus textos, la identidad local y la memoria comunitaria dialogan con una sensibilidad que oscila entre lo poético, lo testimonial y lo reflexivo. Desde su visión interdisciplinaria, desarrolla proyectos que vinculan comunidad, territorio y expresión artística. Su práctica se nutre de archivos formales, así como de relatos orales, reconstruyendo memorias afectivas de personajes y del paisaje urbano y costero. Director, desde el año 2014, de Xilonen -Colectivo Cultural y del 2016, del Colectivo de Defensa Jurídica Liza-Jane.

 

UN TRIO CON URSULA

 

M.P.S.

Para Úrsula Ramos Ramírez. In memoriam.

(Un proceso de duelo narrado en tres frecuencias).

 

A DIOS SALÚDAMELO (II)

 

Me avisaron que te fuiste

Yo esperaba que no fuera hoy

ni este año

Pero ya apuntabas para un siglo completo en el alma

Y eso pesa

Y las ingratitudes recibidas

También pesan

Como los siglos

Como las ideas modernas

Como la política entera.

Me avisaron que te fuiste

No fue un balde de agua fría lo que cayó sobre nosotros

Fue una ola grande de agua helada

Que inunda y permanece.

Fue un “sentir el corazón atravesado”

Fue escuchar de frente a nuestra propia voz decir

“ya no la voy a ver”

y un “Se fue”.

Nos rebasó el tiempo

La tomó de la mano y se la llevó.

Me avisaron de tu deceso a las dos de la tarde

A las cinco nos dijeron “a las nueve la van a cremar”

Pero no me dijeron donde

Era mejor no preguntar

Si la familia no lo hizo

No querían que estuviéramos ahí.

Me avisaron que te fuiste y ese mismo día

A las diez de la noche te cremaron

No a las nueve como estabas programada

Tarde, llegaste tarde

Hasta en la hora de tu propia cremación.

Entrada la medianoche

Cuando fuiste ceniza entera

vino grande el aguacero

San Francisco se quitó el cordón

Y cercó tus cálidas cenizas un cuatro de octubre

Que pudo ser de cualquier año

Pero no,

Tenía que ser dos meses antes

De tu centenario.

Tu cremación me recordó

La crónica cultural del poeta Homero

Fuiste incinerada como Patroclo.

El fuego purifica

Eleva las almas a donde moran los dioses

Plugo a ellos que así fuera.

Nos rebasó el tiempo y te fuiste con él

Con ese orgullo que la dignidad

Siempre conservada da.

Quedaron los poemas de tu “Didáctica Amorosa III” en el tintero

Ya no habrá más nieves de limón en el malecón

Aderezadas con tu risa nonagenaria.

No pudimos llevarte al concierto

de Nelson Kancela

Y los Macacos De Matacazuela,

Se quedó como uno de tus deseos inconclusos.

A tus noventa y seis años te escapaste

Por primera vez de tu casa en pijamas y pantuflas

Y fue divertido.

A tus noventa y seis años te atreviste

Con grande palabrota

A reclamar

El pésimo estado de los pianos en el eximio teatro de la ciudad

¡Y luciste tan bien!

Y luciste también

Otra grande palabrota

Cuando la gente irrespetuosa en un concierto

Charlaba en voz alta impidiéndote disfrutarlo.

¡Ay, Úrsula!

¡Te fuiste!

Pero tú y yo lo sabíamos

No necesitabas despedirte

Las despedidas son tristes

Embargan el alma

Este mundo ya no era tuyo

Lo decías y te oíamos sonrientes

Pero cabizbajos

“Este mundo ya no es mi mundo. Ya ni debo estar aquí”

Lo decías solemne

Acompañada de tu sonrisa

De diva condescendiente.

A tus noventa y seis años

Nos regalaste una sublime presentación

En el Teatro Clavijero

La concertista Angélica Lagunes al piano

Y tú

Con tus claves cubanas y tu silla con rueditas

Ejecutando “La Comparsa”

De Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona Casado

De quien fuiste su asistente en tus bellas primaveras.

Vino el giro de la fortuna

La grande pérdida inesperada

El ostracismo

La Casa de Retiro mal llamada “La Paz”

Yo le diría “La Pez”.

La sonrisa alegre se fue oscureciendo

El pasillo de catacumba que ascendía a tu habitación

Custodiado por santos mal pintados al oleo

Te fue consumiendo

el hueso

el músculo

el habla

La charla vivaz se empezó a ir

Y nos poníamos tristes de verte ahí

Tú ya no eras tú

Ya no eras la mujer de hábitos lectivos

Creativos, nocturnos

Las mujeres del hábito perpetuo

y del rosario ensangrentado

Según sus malos hábitos

Te cambiaron tus hábitos

Era necesario para la paz de ellas

Que durmieras por las noches

Y ellas – con sus pastillitas –

De eso se encargaban.

¡Ay, Ursulita!

“Yo no soy de izquierda” decías

Pero compartías lo tuyo con los más frágiles

Y nos convidabas de tus galletitas compradas en el Oxxo

Tú no eras de izquierda

Pero te entregabas

A enseñar gratuitamente a tus pupilos

Sacrificabas tu tiempo.

“Yo soy de derecha” orgullosa decías

Pero nunca te vi explotar a los jodidos

Más aún, los defendías.

¡Ay, Úrsula!

Estas letras las aviento al aire

Tal vez aún te alcancen

O se pierdan entre veinte mil elegías

Que ahora otros te escriban.

Solo me resta decir:

¡Te queríamos, Úrsula, te queríamos!

Que tengas buen viaje

Aunque eras atea

A Dios salúdamelo.