
Homenaje Post Mortem a Úrsula Ramos
El pasado jueves 4 de diciembre de 2025 se llevó a cabo un homenaje post mortem a Úrsula Ramos, denominado La pluma y la melodía.
Les vamos a ir compartiendo los textos de las y los escritores que sumaron esfuerzos y complicidad para honrar a su maestra, a través de la palabra.

Glenda Castillo. (Veracruz, México. 1969). Poeta y narradora. Concluyó la Maestría en Educación en el 2014. Autora de los libros La mujer que escapa de noche, cuentos y relatos, IVEC, 2010; Mientras la lluvia pasa, poesía, UEEV, 2013; Trashumantes, narrativa breve, Conciertos Líricos AC, 2019. Su obra ha sido publicada en diversos medios periodísticos impresos y virtuales además de ser incluida en varias antologías. Cofundadora de la Biblioteca Comunitaria en Joliet, Oaxaca, 2019. Coordinadora en Xilonen, Colectivo Cultural y en «Poetas de la Escollera», actividades culturales interdisciplinarias realizadas, al aire libre, en Playa Regatas.
NO SOY YO
No soy yo
me sostienes tú
no se apoyan tus años en mis brazos:
Roble sabio es tu ser
sombra y descanso
en la dura jornada del sendero.
No conduzco tus ancianos pasos
ellos me llevan por rutas siempre nuevas
donde miles de horas has andado.
No soy tu voz:
Insertas en mi mente canto nuevo
vivencias blancas coronan tu cabeza;
al compartirlas
resulto recipiente insuficiente
cántaro diminuto
incapaz de contener
el caudal de tu espíritu impoluto.
Pluma divina descansa sobre ti
y amenaza abandonar tu cuerpo:
Mariposa inspiración revolotea
deposita en mis dedos
el suave pigmento de tus versos.
No soy yo
eres tú
Maestra Vida:
Trasciendes más allá de líneas simples o pautadas
escribes en el alma-papel de tus alumnos…
Tu regazo acuna poetas nuevos.
Con la fuerza que te regala el tiempo
tinta-aliento
animas mi sendero
soplo de Brisa de Beethoven
luna de Chopin
piano-scherzo
poesía
cada vez más etérea
cada día más sueño
voz de eternidad
luciérnaga del verbo.
RETRATO AZUL
Para Úrsula Ramos
Hubo un café…
El último en tu mesa.
Afuera el árbol despertaba de la siesta;
las baldosas antiguas de tu casa
recuerdan ecos de lejanas operetas.
Hubo un piano que tus manos blancas
acariciaron amorosamente inquietas:
Tardes alegres con tus amigos músicos,
actores, cantantes, pintores y poetas.
Hubo una hoja que absorbía, sedienta,
la tinta de tus versos, mientras
tu pluma rítmica bogaba
sin temor al rumor de las sirenas.
Hubo un jarrón con dorados bordes
para las flores que tocaban a tu puerta;
un secreter que protegió tus sueños;
un cuadro azul que enmarcaba tu belleza;
una gata Colombina que, confiada,
se animó a reposar sobre tus piernas.
Hay una calle que resguarda la memoria
de una mujer que trascendió a la historia:
Una luz abandonó el cuerpo cansado,
mariposa en capullo desgastado…
Hay una voz que el silencio de la muerte
no apagará por mucho que se esfuerce.
Este poema se publicó en la revista electrónica Muros,
de Mariana Hernández Jalil, el mes de noviembre