
Isabel Chavarría Piña. (Hidalgo, México) Jurista, conferencista. Doctor en Derecho por parte de la Universidad Ejecutiva del Estado de México. Maestría en Derecho por parte de la UNAM. Especialista en Derecho penal, procesal penal y militar impartidas por los Institutos; de Ciencias Penales (INACIPE) y de Estudios Superiores en Derecho Penal, así como de la Universidad del Ejército y de la Fuerza Aérea Mexicanos, obteniendo el grado de teniente auxiliar de Justicia Militar y Lic. al ingresar a las Fuerzas Armadas, donde alcanzó la jerarquía de teniente coronel de justicia militar y licenciado retirado.
De 1990 a 1993 trabajó como militar en carácter de Defensor de Oficio Militar en el Juzgado Militar adscrito a la 26/a. Zona Militar y VI Región Militar, con sede en La Boticaria, Ver. y con el cargo de Agente del Ministerio Público Militar Adscrito a la 29/a. Zona Militar con radicación en Minatitlán, Ver. y jurisdicción de Salina Cruz, Oax., Coatzacoalcos, Ver. y el Puerto de Veracruz. Además, ama tanto este bello Estado, que se casó con una veracruzana.
Ha recibido reconocimientos a nivel nacional e internacional en múltiples ocasiones y las condecoraciones de quinta, cuarta y tercera clase, así como del mérito docente militares y cuatro Doctorados Honoris Causa, además de dos galardones por la comunidad civil, como destacado militar, abogado, jurista, académico y patriota. Siempre estudia, escribe y publica en un lenguaje accesible para que todos comprendan, no solo los juristas y estudiosos del derecho.
El más grande amor
Amar a alguien cuando brilla es fácil.
El verdadero amor aparece cuando su luz se apaga…
y en lugar de irte, te quedas a su lado hasta que vuelva a encontrarla
Hermoso pensamiento. Muy cierto. Por eso con el pasar de las décadas, te vas quedando con muy contados amigos y algunas veces, sin amor de pareja, por las causas que tú digas. Incluso, con ausencia de los hijos, también por diversas razones.
Pero queda el más grande amor: el amor propio. El amor sin el cual no podrías haber tenido ni sentido amor por ningún ser viviente, porque el amor nace precisamente en ti y en tanto florece, va abarcando su sombra o su luz, según lo veas, hacia cada uno de tus seres queridos y hacia el mundo animal y la naturaleza toda… y hacia lo que no se ve, pero que sin lugar a dudas existe: Dios. La humanidad. El espíritu. El Deber. El Respeto.
Los Valores y la Ley, como conjunto de normas que regulan la existencia del ser humano en la sociedad. Ahora con los años, constatas que ese amor propio fue el que te permitió llegar a la avanzada edad en que nos encontramos y en la forma en que estamos, completos, ampliamente satisfechos de haber realizado lo que nos correspondía, sanos en la medida de lo posible.
Conforme vivimos cada instante de nuestra trayectoria, y con un techo donde guarecernos de la lluvia, con una cama donde descansar en la noche o tomar una siesta diurna. Con el amor de los que se quedaron junto a nosotros o que regresan cuando pueden para acompañarnos transitoriamente y todavía, con la certeza de que puedo tener nuevos amores a través de la lectura, de la música, del caminar libremente y de aspirar a que mañana, cuando ya no estemos físicamente en el plano terrenal, hayamos dejado nuestro legado… El de un hombre de bien. Amén.