
Vìctor de Regil
Recientemente, los líderes de los tres partidos de la coalición gobernante, Morena, PT y Verde respaldaron la propuesta de reforma electoral, la segunda, hecha por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Lo anterior, después de que esos mismos aliados, el PT y el Verde, rechazaran el “Plan A” de reforma electoral propuesta por la misma Presidenta. Ciertamente, y a todas luces, una derrota política para la mandataria. Por primera vez en los tiempos estelares de la Cuarta Transformación, iniciado con el sexenio de López Obrador, se rompió la coalición gobernante y no pasó una reforma constitucional propuesta por el Ejecutivo.
Y es que, por más que los defensores de la 4T han tratado de darle explicaciones y maromas a este revés de Claudia Sheinbaum, la realidad es que los políticos están para dar resultados y, cuando no los dan, pues incluso hasta la propia Presidenta niega la derrota. “Yo estoy muy satisfecha”, afirma, porque intentó cumplir lo que prometió en la campaña. No estuvo dispuesta “a negociar todo”. Pues sí, pero el desenlace fue un fracaso.
La realidad es que en la política, lo importante es cumplir con lo prometido y, por lo menos en este rubro, la Presidenta no pudo hacerlo. Y no pudo gracias a sus aliados del PT y del Verde, aunque evidentemente la oposición del PAN, PRI y Movimiento ciudadano, habían advertido que votarían en contra.
La ironía es que ellos mismos, sus propios aliados, son los ganadores de esta partida. Chantajearon a la presidenta, a Morena y al gobierno de manera exitosa. El mensaje es muy claro: estamos con ustedes, pero no cuando se perjudiquen nuestros intereses, sus millonarios intereses, dicho sea de paso.
Inmediatamente después del estrepitoso fracaso, vino la operación para salvar la cara, un gran concepto inventado por los chinos. La cara es central en Asia porque representa reputación, prestigio social, dignidad personal y respeto frente a otros. Perderla implica sufrir humillación pública o quedar mal ante la comunidad. Salvarla significa lo contario, por ello hicieron lo que hicieron.
Eso está haciendo la 4T con el Plan B: recuperar algo del prestigio, dignidad y respeto que perdieron al haberse dividido con el Plan A.
Y se tira por la borda la hipótesis de algunos analistas de que el fracaso de la reforma electoral en realidad se trataba de un ejercicio calculado de la Presidenta para deshacerse de las rémoras del PT y del Verde. Que el rechazo en la Cámara de Diputados respondía a una racionalidad bien medida de liberarse del yugo de dos partiditos ensoberbecidos.
Pues no. Resulta que, como vimos en la foto de unos días después, la unión ha regresado a la 4T. Felices, anuncian su intención de votar unidos a favor de la nueva propuesta de la Presidenta que, por cierto, ya no perjudica los intereses del PT y del Verde.