Griselda Toraya. Gira como las agujas del reloj

 

Griselda Toraya (La abuela). Nació en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina. Creció en el campo, apasionada por la literatura, mayormente por el género campero. Ha participado en convocatorias nacionales e internacionales en poesía, cuento corto, narrativa y prosa. Es autora de un método musical para acordeón a piano, titulado Cómo me enseñaron a mí, hoy lo comparto con vos.

 

Gira como las agujas del reloj

 

Viniste de tierras lejanas, de la mano de un colono,

hasta Argentina, este nuestro querido país.

Recorriste grandes regiones, carreteras, ferrocarriles sin fin.

Y ahora soy yo quien cuenta cómo y cuándo te conocí.

Me crié entre girasoles, comiendo junto a los loros

sus semillas con su aceite, gran sabor que aporta todo.

Siempre me llamó la atención su cuerpo recto y grueso,

con sus flores amarillas en varias capas de pétalos,

un gran centro color marrón, sus hojas algo ásperas,

pero inofensivas, y sus semillas también van al mejor jabón.

Es increíble esta planta: nos cuida, nos previene de grandes

enfermedades como el cáncer, el colon, la diabetes y hasta

nuestro corazón, con sus grandes vitaminas y vocales junto a vos.

Se la suele encontrar posando en bellas praderas, llanuras de

nuestra tierra, jugando a las escondidas cuando la noche lo sorprende

y con la luz del día siguiente, se posan mirando al sol,

como si estuvieran en la playa tomando un buen color.

SOS símbolo del sol, del amor y la admiración, vitalidad, felicidad,

positividad, larga vida y buena suerte.

En lo espiritual posees una gran energía que te invade de tranquilidad.

Llegaste a ser un gran aliado como amuleto de la suerte, si confías

en lo que puede atraer para tu vida.

Gracias a que te alimentas de la tierra, fósforo, potasio,

también te ayudan a crecer el azufre, el magnesio

y el boro; es importante la presencia de estos

últimos para tu gran floración. Por eso eres preciosa,

una bella flor que en menos de cien días creces,

tienes una vida corta de apenas cuatro meses; no

es mucho, pero no es poco, porque inspiras a la

humanidad a escribir, a sembrar, cultivar, y a que

te pinten como Van Gogh.