El desastre del agua en Puebla

Victor de Regil

 

Una de las empresas más rechazadas en Puebla es, sin duda Agua de Puebla, por el pésimo servicio que ofrece a los poblanos. Y es que, Agua de Puebla enfrenta la que quizá es su más grave crisis desde que le entregaron la concesión del agua en el estado.

Los problemas de esta empresa se encuentran ya en todas sus áreas, desde un claro desorden financiero, irregularidades administrativas, incumplimiento en los términos del contrato o título de concesión, sospechas de corrupción en las obras de modernización y/o ampliación contempladas en el plan anual de inversión, abusos laborales, dispendio de altos ejecutivos, conflictos sociales y políticos con los pueblos de Xoxtla y Nealtican por la cada vez más evidente sequía y carencia de mantos freáticos en el estado, y sobre todo múltiples quejas ciudadanas por desabasto y cobros tan excesivos como abusivos, por mencionar tan solo algunas.

Este es el panorama de una empresa que se ha enriquecido a manos llenas a costa de los poblanos, pero que, a pesar de sus innumerables deficiencias, sigue siento intocable por todos esos políticos y funcionarios, especialmente de Morena, que en campaña, desde Miguel Barbosa, juraron que iban a quitarle la concesión “para devolver el agua al pueblo”, pero en los hechos la han tolerado hasta la ignominia.

Esta empresa arrastra problemas severos como lo son cobros excesivos y falta de transparencia, incluyendo registros inexactos del consumo, cobros duplicados y recargos sin justificación.

De igual forma, los usuarios reportan continuamente cortes intermitentes en el suministro de agua, infraestructura obsoleta y falta de mantenimiento, lo que genera fugas constantes y distribución ineficiente del recurso.

Incluso, se han detectado hasta violaciones a los derechos humanos de los usuarios, quienes incluso enfrentan amenazas de embargo y reporte al Buró de Crédito sin fundamento legal. Abusos de autoridad y discriminación contra trabajadores y usuarios, incluyendo hostigamiento laboral y trato desigual.

A esto hay que sumarle la falta de infraestructura, pues la empresa ha sido criticada por no realizar adecuadamente el saneamiento de aguas residuales, lo que genera un pasivo ambiental significativo. Los usuarios han denunciado que la empresa no cumple con las promesas y contratos establecidos.

Estas irregularidades han generado un amplio descontento entre los ciudadanos, quienes han manifestado su inconformidad a través de diversas vías, incluyendo quejas formales y movilizaciones. Este tema es, de hecho, el segundo que más negativos suma a los gobiernos de Morena, después de la inseguridad pública, y el que más les quita votos en las urnas.

Aunado a todo lo anterior, la escasez de agua en Puebla se agrava día con día. El estado ocupa ya el segundo lugar a nivel nacional en municipios con mayor sequía, con un 74,7% de su territorio afectado.

Las fugas se estiman entre el 40% y 45% de la red de distribución, lo que agrava la citada escasez de agua en la región. Por si fuera poco, la sobreexplotación de los mantos acuíferos ha provocado un déficit de agua de alrededor del 35% en los últimos cinco años.

Y los proyectos (Xoxtla y Nealtican) que se han impulsado para empezar a remediar la situación han fracasado rotundamente, debido a un pésimo manejo político por parte tanto de la empresa como del gobierno.

Es una realidad que, tal vez el problema mayor es que la entidad carece de tecnología hídrica y infraestructura adecuada para captar y distribuir agua de manera eficiente. Y, para colmo, la cuenca del río Atoyac registra niveles elevados de metales pesados, lo que afecta la calidad del agua y la salud de la población que vive en sus márgenes.

Hoy día nadie puede negar que Agua de Puebla es un desastre. Una crisis interminable, una bomba de tiempo que no tarda en estallar, porque no se ve por ningún lado al valiente o a la valiente que se atreva ya no a quitarle la concesión, sino al menos a tocarla con el pétalo de una rosa.