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Crítica de ‘En el corazón de la bestia’: Brad Pitt pone al día ‘La llamada de lo salvaje’

‘En el corazón de la bestia’ es una película entretenida, apoyada en una fotografía espectacular, un Brad Pitt convincente como veterano de guerra y varias secuencias de acción cargadas de tensión. Su principal debilidad, sin embargo, es una previsibilidad que acompaña al espectador desde los primeros compases del metraje. Cuando un exmiembro de las fuerzas especiales sobrevive al accidente de la avioneta en la que viajaba junto a su perro de combate en plena Alaska, resulta fácil anticipar buena parte de los peligros que encontrará por el camino.

Osos, lobos, barreras naturales y condiciones meteorológicas extremas forman parte de una historia que rara vez se desvía de los códigos habituales del cine de supervivencia. Aun así, la propuesta funciona porque desarrolla esas situaciones con solvencia y porque, una vez aceptada la premisa inicial, mantiene una credibilidad razonable dentro de los parámetros del género. Más allá de su vertiente aventurera, la película introduce una reflexión sobre las secuelas físicas y psicológicas que arrastran muchos veteranos estadounidenses tras décadas de conflictos militares.

David Ayer, que conoce de cerca ese entorno, aborda el tema sin excesos melodramáticos y extiende ese discurso al compañero canino del protagonista, un pastor alemán marcado por las heridas de la guerra. Como director, Ayer demuestra una notable eficacia a la hora de trasladar al espectador la dureza del entorno. Las secuencias de supervivencia están planteadas con claridad, sentido del peligro y suficiente intensidad dramática para sostener la historia incluso cuando esta sigue caminos previsibles.

Su puesta en escena no reinventa el género, pero sí aprovecha con inteligencia sus recursos más reconocibles. Otro de los grandes aciertos de la película es el ritmo. A pesar de la sencillez de su planteamiento, el interés no decae en ningún momento. Cada nuevo desafío aporta tensión a la travesía del protagonista y evita que el relato caiga en tiempos muertos.

La combinación de acción, peligros naturales y evolución emocional mantiene la atención del espectador durante todo el metraje y hace que la historia avance con notable fluidez. Ese buen pulso narrativo encuentra un aliado perfecto en el apartado visual. La fotografía aprovecha los espectaculares paisajes de Alaska para reforzar la sensación de aislamiento y vulnerabilidad. Montañas nevadas, bosques interminables y ríos embravecidos no son un simple decorado, sino una presencia constante que condiciona cada decisión de los protagonistas y convierte la naturaleza en un antagonista más de la historia.

Sin embargo, el auténtico corazón de la película reside en la relación entre el exsoldado y su perro. La amistad que surge entre ambos funciona como el eje emocional del relato y aporta la humanidad necesaria para que la sucesión de peligros tenga un impacto real. Brad Pitt logra transmitir ese vínculo con naturalidad y consigue que los momentos más íntimos resulten tan importantes como las escenas de acción.

La interpretación del actor contribuye igualmente a reforzar la credibilidad del conjunto. Su personaje posee habilidades de supervivencia extraordinarias, pero nunca llega a convertirse en un héroe invulnerable. Cada obstáculo deja huella, tanto física como emocionalmente, algo que ayuda a mantener la sensación de riesgo durante toda la travesía. Además, Pitt sigue demostrando una notable presencia en pantalla incluso en un papel especialmente exigente desde el punto de vista físico.

Comparada con títulos como ‘Hacia rutas salvajes’ o ‘Las aventuras de Jeremiah Johnson’, la película se queda un paso por detrás en profundidad temática. Mientras aquellas utilizaban el contacto con la naturaleza para articular reflexiones más amplias sobre la libertad, la identidad o la relación del individuo con la sociedad, ‘En el corazón de la bestia’ apuesta por una aproximación mucho más directa.