Arrecia la competencia electoral para 2021

EDITORIAL

 

 

En la encuesta más recientes que se han publicado, el presidente López Obrador tiene una aprobación del 56% de la población. Nada mal considerando los malos resultados de su gobierno. Pero resulta que a Morena, su partido, tampoco le va mal. Cuando se pregunta “si hoy hubiera elecciones para diputado federal, ¿por quién votaría?”, el 43% de los mexicanos responde que “Morena”. Es, de lejos, el partido con mayores intenciones de voto en este momento.

Muy atrás se encuentra el PRI, en segundo lugar, con el 21% de las preferencias. Vale la pena detenerse un momento para cuestionarse cómo jugará el partido tricolor en las próximas elecciones del seis de junio de 2021. De entrada, uno pensaría que el PRI es una de las alternativas opositoras. Efectivamente, podría jugar ese papel. Posicionarse como una opción antilopezobradorista con un ojo puesto en la elección presidencial de 2024.

Aunque usted no lo crea, hay gobernadores, como el del Estado de México, que piensan que el PRI puede regresar al poder después del cochinero de corrupción que dejó el sexenio de Peña. Se vale soñar. Además, estos sueños se fortalecen en la medida en que persistan los malos resultados del gobierno de López Obrador.

Lo cierto es que el PRI puede jugar como uno más de los partidos satélites del lopezobradorismo. A muchos priistas les gusta estar dentro de la coalición gobernante, ya sea por compatibilidad ideológica o conveniencia a sus intereses.

Claro que uno de esos intereses es mantener la impunidad frente a actos de corrupción. Tomemos el caso hipotético de un gobernador priista de un estado donde habrá elecciones para sucederlo en 2021. Dicho gobernador sabe que tiene mucha cola que le pisen: que abusó de su poder para enriquecerse. Por un lado, puede competir fuerte para que se quede el PRI en el poder, pero corre el riesgo que lo investigue el gobierno federal y acabe en la cárcel por corrupto. Por el otro, puede dejar que gane el candidato de Morena negociando su impunidad futura. No hay que ser genio para saber que, entre ir a la cárcel o vivir tranquilamente, cuál sería la decisión de dicho gobernador.

Morena, incluyendo al Presidente, está en la tesitura de una alianza tácita con el PRI, el famoso “PRIMOR”. El coqueteo de ambas partes es evidente.

Si es así, ¿cuáles alternativas opositoras reales habría en la boleta?

Está, desde luego, el PAN quien tiene el 20% de las intenciones de voto. No es un número nada halagüeño.

Sin embargo, según las encuestas, trae una tendencia al alza. En marzo de 2019 tenía tan sólo el 12% de las preferencias. En la medida en que Morena ha caído (de 57% en marzo del año pasado a 43% en la actualidad), el PAN ha subido. No es casualidad, en este sentido, que desde el gobierno federal estén tratando de involucrar más a los panistas del pasado, que a los priistas, en presuntos casos de corrupción.

Pero aquí entra otro factor que todavía no puede medirse en las encuestas: los nuevos partidos que recibirán registro por parte del INE. Uno de ellos será, con alta probabilidad, México Libre, el partido de varios expanistas, incluidos Margarita Zavala y Felipe Calderón. Se trata de una opción de centro-derecha que, sin duda, le disputará votos al PAN. Eso es oro molido para Morena porque, en la medida en que se divida el voto opositor, los morenistas podrían ganar más puestos de elección popular.

Movimiento Ciudadano sí es un partido que le ha jugado a ser oposición verdadera, sobre todo su principal figura, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro. El problema es que MC sigue siendo muy chico a nivel nacional. En las encuestas ni siquiera sale como opción; es parte del 10% de respuestas que se agregan en “otros”.

Junto con este 10% hay un 6% que votarían por “independientes”. Interesante resultado de una figura política que tuvo su auge en la elección de Jaime Rodríguez como gobernador de Nuevo León hace cinco años, pero que luego se desinfló como globo.

Así estamos, pero todavía falta mucho. Lo más importante: quiénes serán los candidatos.