Lilia Ramírez. Reloj de pulso

Lilia Ramírez. Orizaba, Veracruz, México. Poeta y ensayista, viajera incansable. En 2025 su obra Anatomía del agua, alcanzó la distinción de Obra Ganadora Absoluta del Premio Literario Tennessee Williams convocado por la organización Escritores del Metroplex, de Dallas Fort Worth, TX.

Ganadora de los Juegos Florales Hispanoamericanos 2024 de Quetzaltenango, Guatemala y de la Mención Honorífica en el II Certamen Literario Corina Rodríguez 2024, Universidad de Costa Rica Sede de Occidente, y otros premios más. Ha asistido a encuentros dentro y fuera del país. Ha publicado catorce libros de poesía, y varios de narrativa. En 2022 su obra Laudes para cualquier hora del día fue traducida al ruso por Sergei Batonov. Del Poemario Ciudades que habito.

 

Reloj de pulso

 

Un rumor de cuclillos protege sus crías

un rumor de canaletas entretejidas

un rumor chorrea otros nidos

es septiembre y se embandera el cerro

el cristal de la ventana

incita al estío: se incendia la cordillera.

 

La vieja se pregunta si desde entonces,

desde cuando los tic- tacs de medianoche

acallaron sus lloridos, ha sido la misma.

 

Porque si lo fuera, este texto no debiera ser escrito.

Porque si no lo fuera, tampoco debiera contarlo.

Porque hablar de cuando se fue niña,

es un riesgo incomprensible.

Se corre el peligro de ser inexacta,

Los recuerdos, imprecisos.

 

Recién nacida en el respaldo

del taller de relojería,

oficio de su padre. Las horas,

levísimo giro puntual de percusiones,

las horas, bronce que escapa del tallado cedro,

las horas, la arrullan insomne

verdades que nadie cree,

mucho menos, esa parte vacía

de los relojes de arena.

 

 

Persistencia y diluvio tras la puerta

-no sé si ya dije: verde pino –

Persistencia y diluvio, la hoja abierta

como reloj de bolsillo.

Persistencia y diluvio, aprendiz de relojería:

tic- tac solar

reloj en primavera.

Y era la imposibilidad

– que aún la impacienta en días lluviosos –

de encontrar

el código secreto que guardaban

cajitas de cartón y de hojalata

roídos de carcoma.

Su propio tic- tac

quería darles ella.

Soñaba armar alguno. Con tantas piezas

bien podría ensamblar un lindo pulso.

Una y otra vez, frustración completa.

 

La dulzura de los naranjos enmielaba el traspatio,

la dulzura de los cafetos insinuaba

sus primeras floraciones,

agujereaban los cohetes el cielo

de los últimos días de mayo para levantar

la Cruz en las casas nuevas.

 

Fue entonces que llegaron los boletos:

matinée dominical para dos niñitas.

La alegría estiró sus tobilleras.

 

Bastón, oro en la sonrisa

se sentó junto a ellas. Sus manchas seniles

se transparentaron

bajo el organdí de sus siete años.

Un reloj de pulso brillaba en su muñeca.

 

A pesar de su espanto

A pesar del silencio del tic- tac

a pesar de las piezas solitarias

y las ruedas de escape

en su pupila insomne

cojea un reloj que brilla en su muñeca.