
Victor de Regil
Xitlalic Ceja, diputada federal, llegará a la dirigencia estatal del PRI con tres poderosos mensajes: El primero, el PRI no quiere pleito con el gobernador Alejandro Armenta; el origen político de Xitlalic, el marinismo, la delata. Y el mandatario, al llegar al año uno de su sexenio, seguirá disfrutando de una oposición tan cómoda como complaciente: ni el PAN, con Mario Riestra a la cabeza, ni el PRI, ahora con Xitlalic, osarán tocarlo al menos hasta las elecciones de 2027.
El segundo, quien manda en el tricolor no es otro que el senador Alejandro “Alito” Moreno. Y el tercero, en el PRI de Puebla se acabó el cacicazgo de Estefan Chidiac, un cacicazgo que le duró hasta que aquel a quien impuso en su momento en la dirigencia estatal, el ahora emecista Néstor Camarillo.
Xitlalic Ceja es la carta bajo la manga del dueño del tricolor. Ciertamente, ya estaba todo listo para la imposición de Lorenzo Rivera, un inefable aprendiz de político e hijo de cacique que ya se veía como el nuevo mandamás de ese cadáver insepulto llamado PRI poblano.
Sin embargo, de un día para el otro, “Alito” dio la orden de que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) atrajera el proceso interno en Puebla cuando se enteró que detrás de Lorenzo estaba Jorge Estefan, su principal promotor e impulsor. Fue ahí donde todo cambió.
Como se sabe, Jorge Estefan acabó como acérrimo enemigo de “Alito” cuando el entonces diputado local desobedeció una instrucción e incumplió el “Acuerdo de Bucareli”. Es decir, aquella tenebrosa reunión en la que el entonces secretario de Gobernación de AMLO, Adán Augusto López, operó con “Alito” para que el entonces diputado federal Ignacio Mier quedara como gobernador sustituto tras la muerte del gobernador constitucional de Puebla Miguel Barbosa en diciembre de 2022, ya casi hace tres años.
Fue la “Noche de los Teléfonos Apagados”: Jorge Estefan regresó de la CDMX a Puebla, se puso manos a la obra y maniobró con todos los diputados y con todas las diputadas del Congreso del estado para elegir a Sergio Salomón Céspedes, su compañero legislador, como el relevo de Barbosa Huerta.
“Alito” y Marko Cortés se cansaron de llamar a sus diputados y diputadas para ordenarles acatar la “línea” de Bucareli a favor de Ignacio Mier. Nadie les contestó. Apagaron, en efecto, sus celulares. Fue una Rebelión Poblana. Un contundente no a las imposiciones desde el centro. Mier era un peligro para todos y todas. El tiempo lo probó. Y “Alito” nunca se la perdonó a Jorge Estefan.
Por eso, ahora que Jorge Estefan, tras salir de un exilio autoimpuesto, ya convencía a las consejeras y consejeros priistas para que se decantaran a favor de Rivera, el rumor llegó a oídos de “Alito” y este estalló.
Primero, atrajo el proceso interno. Segundo, buscó quién de sus leales podrían hacerse cargo del partido en Puebla. Y tercero, descubrió que el perfil idóneo, para este momento político en el estado, no es sino el de Xitlalic Ceja, una mujer experimentada y una política aguerrida que, sin embargo, sabe de ortodoxia y no traga lumbre.
Xitlalic es tan leal a “Alito” que aparece a su lado, en medio de la trifulca, el día que en el Senado vapuleó literalmente al impresentable de Gerardo Fernández Noroña, el mismo que no sabe defender como hombre lo que escupe con la boca.
Con Xitlalic, “Alito” impedirá no sólo que un grupo enemigo le arrebate lo que es suyo. También construye un puente de plata con el armentismo, con quien no tiene caso pelearse. Entre otras razones, porque es una batalla perdida de antemano.
Xitlalic llegará, principalmente, con la misión de frenar en seco la intromisión de grupos ajenos al partido, que buscan no sólo influir sino apoderarse de prerrogativas y candidaturas hacia el proceso electoral del 2027. Y bloquear la sangría que Néstor Camarillo, sigue causando al PRI, llevándose a los pocos militantes que quedan a su nuevo partido, Movimiento Ciudadano.
Lo cierto, a final de cuentas, es que el gobernador de Puebla puede seguir durmiendo tranquilo.
Camina y caminará sin oposición al frente.