Victor de Regil
La planta de Volkswagen de México, el corazón automotriz que durante décadas ha marcado el ritmo económico de Puebla, oficializó la supresión indefinida del tercer turno de producción en las líneas de ensamble de dos de sus modelos más emblemáticos: Jetta y la Tiguan. La medida, justificada por la directiva corporativa como una respuesta forzosa ante los embates de un mercado global decreciente, ha desencadenado una tormenta interna que se traduce en el recorte inmediato de cientos de puestos de trabajo, una honda fractura con su representación sindical y un impacto macroeconómico cuyas réplicas apenas comienzan a calcularse en la entidad.
Decenas de obreros adscritos al turno nocturno reportaron que sus relaciones laborales habían concluido de manera abrupta al percatarse de depósitos bancarios inusuales en sus cuentas. Se trataba de sus respectivas indemnizaciones económicas. Al concluir las jornadas de trabajo, la realidad se materializó: las plazas habían sido rescindidas y reportadas de inmediato ante el SAT.
Los reportes internos iniciales cifran en 786 los contratos rescindidos de forma directa, afectando principalmente al personal técnico con menor antigüedad dentro del escalafón de la planta, quienes habían alcanzado su base laboral apenas en agosto de 2023. A esta cifra se suman aproximadamente 175 retiros voluntarios, lo que eleva el impacto global de bajas a una franja que, de acuerdo con proyecciones periodísticas, podría consolidarse entre los 918 y los 1,200 puestos técnicos eliminados. Con este violento reajuste, la plantilla técnica de la automotriz, que hasta julio superaba los 7,000 operarios directos, sufrirá una contracción estructural profunda.
VW argumentó que el recorte responde a un «contexto desafiante para la industria automotriz a nivel mundial y de forma particular en la región de Norteamérica». Los persistentes desafíos arancelarios impuestos en EEUU a los componentes clave como el acero, sumados a las complejidades logísticas globales, han encarecido el costo de los vehículos ensamblados en México con destino de exportación a Estados Unidos, el principal mercado de la armadora poblana.
Mientras modelos compactos y SUV familiares resisten en un entorno competitivo, el Jetta y la Tiguan pasarán a esquemas de producción restringidos a solo dos turnos, dejando al modelo Taos como el único bastión que mantendrá el esquema de tres jornadas completas. La estocada operativa de Volkswagen se ejecutó unas horas después de que la empresa y la dirigencia del Sindicato Independiente de Trabajadores pusieran fin a semanas de mesas de negociación contractual. Tras esquivar de última hora un emplazamiento a huelga inminente, el comité sindical había pactado una propuesta de incremento del 10.04%. Dicha propuesta salarial, diseñada bajo la promesa de salvaguardar la estabilidad de las 12,000 familias que dependen económicamente de la planta, está programada para someterse a una consulta de voto libre, secreto y directo por parte de la base trabajadora el próximo 11 de septiembre.
Lo anterior, asesta un golpe al PIB del estado, donde la industria manufacturera representa más del 25% de la actividad económica, liderada por el bloque automotriz. Los analistas financieros estiman que la desaceleración de Volkswagen traerá consigo un efecto dominó
con implicaciones directas en la economía local. Se anticipa que los proveedores clave se verán obligados a implementar sus propios «paros técnicos», esquemas de reducción salarial o recortes de personal para adaptarse al nuevo volumen de producción restringido.
Por el lado del sector empresarial poblano, el Consejo Coordinador Empresarial calificó la supresión del tercer turno como una «coyuntura compleja», pero instó a la región a ver el reajuste como una oportunidad para diversificar y fortalecer las capacidades técnicas de la proveeduría local, con miras a absorber la mano de obra calificada que hoy queda en la incertidumbre. No obstante, para las familias de Cuautlancingo, Coronango y la capital poblana, el panorama inmediato es de zozobra.