Enrique Fernando Muñoz Vega. Lenguaje de Venus

 

Enrique Fernando Muñoz Vega (Fernando Vegamuz). Nació en Santiago, Chile, en la década de los años 60. Es académico, poeta y escritor con más de veinte publicaciones en Chile y el extranjero. Vive en la comuna de Concón, en la V Región de Valparaíso. Es un profesional con siete títulos universitarios en el área de la educación y convivencia escolar. Ha ganado concursos comunales en las categorías de poesía y cuento en algunas comunas de la Región Metropolitana de Chile y ha obtenido otros galardones en el extranjero. Ha visitado ferias internacionales de libros tales como Guadalajara (México), Buenos Aires (Argentina), Medellín (Colombia), Viña del Mar, Santiago y La Serena (Chile). Dicta conferencias sobre literatura y educación chilena en México, Cuba y Chile.

Lenguaje de Venus

 

Yaces sentada y seductora

sobre mi lengua, amada diosa Venus.

Seduces mi libido pasajera

y empapas tu bálsamo perfumado

entre voluptuosas miradas.

Miras el talón de Aquiles

en el borde de una cama sedienta.

Y alzas una copa rebosante de vino

amargo y dulce en mi boca ausente.

Hoy anhelo rozar tu piel febril

que saborea el deseo sin pausa

de Afrodita suspirando la noche

entre sábanas de otoño

entre pasiones sin movimiento

entre ardor de besos cautivos.

¡Eres verbo de amor inconmensurable!

Exclamación de vidrios enamorados,

golpes cardiacos intermitentes,

ventanas desnudas de silencio.

En ti, toda palabra sacraliza

algún orgasmo casi sepultado,

desplome de versos aduladores

bajo un sol de lechos amatorios.

 

Miedo de amar en silencio

 

Presiento tu aliento en mi piel.

Escucho palabras de belleza incauta,

mentiras insolentes y llanto impío.

Padeces la fiebre tierna del encanto.

Románticamente callada

sobre efluvios refrescando tus senos de miel.

No me digas nada. Tu silencio es papiro

que enciende la pasión de los amantes.

Eres el desquite para ganar aquello

perdido en la cima de una montaña imaginaria.

¿Quieres huir de ti misma hasta el rocío

que refresca tu partida sin despedidas audaces?

¿Quién es el culpable de tu abandono

entre vestiduras del verano?

Ellas cubren senderos mágicos de seres olvidados.

Ellos derraman generosamente sobre mi cabeza,

tu vientre inmaculado de semillas.

¡Qué tu silencio no sea una joya

que brilla en el lenguaje de los ciegos!

Un silencio definitivamente nuestro

bajo deseos sublimes, destinos desolados,

cuerpos amortajados en sudarios malolientes…

buscando en ti, la mordaza de la noche fría

y el sello indisoluble de la muerte.