Dulce María Saavedra Chávez. Gracias Dios mío

Dulce María Saavedra Chávez. Nació en Puebla; estudió en la Universidad Tecnológica de Puebla (UTP). Desde hace unos años, ha incursionado en la investigación social con poesía histórica y prehispánica. Ganadora del Slam Nacional de Morras 2022 y participante activa en Fenalis. Es gestora cultural y fundadora de La Evolución del Juego de Pelota. Pionera en Juegos Autóctonos 2023.

 

¡Gracias, Dios mío!

 

Gracias, Padre mío,

porque soy tu creación.

Un año más de vida…

La energía trasciende,

trastoca la conciencia.

 

Siento el cielo inalcanzable

y el abismo de la vida

me marea.

¡Escarabajo! Metida

en armadura de guerrera,

tengo premisa de ganar

cual gladiador en circo.

La función, la función escala el mediodía.

El sol cae a plomo… ¡piedad!

La sed hoy me consume.

Sumergirme en tu manantial

es mi anhelo.

Caucásicas las piedras.

En medio, a borbotones,

bebo sin denuedo.

 

Un descanso,

lléname de paz.

Es ilusión constante,

es mi sueño delirante.

 

¡Orar! ¡Orar! Hoy lo deseo.

Eres amigo leal,

el verdadero.

 

Mientras asciendo

a la meta que no quiero…

La única segura

que yo tengo.

 

Creatura soy… alfa y omega.

Soy tiempo en el intiempo,

solo, solo polvo de estrellas.

 

¡Química viva!

Cual inteligencia fue asignada.

 

Hoy pido perdón de tal torpeza,

pues decir… gracias es grandeza,

de recordar que soy…

cosmos, tierra y esencia.

 

Café color nostalgia

 

–Él la recuerda así, en la soledad de su conciencia.

 

Tus luceros apagados,

café color nostalgia.

 

Una taza, lluvia,

un recuerdo y tú.

¡Tú en mi alma!

 

Mientras agito

el azúcar en la taza.

Sí… azúcar,

lo hace placentero.

 

Un momento…

 

La medida del tiempo se detiene.

 

Me siento todopoderoso… soy dueño en el intiempo, unos segundos.

 

Esos que, pasados, dejaste en mi mente para siempre.

 

Tus ojos, cuando veo al cielo que obscurece.

La suerte no fue aliciente suficiente.

 

Fui torpe, insensato y egoísta,

y tus luceros apagué ese día.

 

Ahora, ahora solo el recuerdo; mientras el chubasco se disipa…

se seca la savia de mis ojos.

 

Y la miel del azúcar,

a la hiel de mi garganta atraganta.

 

Dejando el resabio, color amargura y la tristeza, tristeza, sabor…

café nostalgia.