
Ricardo Escartín Navarro. Nace en Los Ángeles, CA. A los 11 años es registrado como mexicano. Se titula como Cirujano Dentista y Especialista en Odontopediatría, ambas en la UNAM. Toma talleres de poesía en la Casa del Poeta en Ciudad de México, con Tony del Toro, David Huerta y Josu Landa. En Puebla ingresa a la SOGEM, participando en poesía durante dos años, con Álvaro Solís y Jair Cortés. Le publican poemas en el suplemento Catedral (Síntesis). Le publican los poemarios Uno que otro beso (2012), Yo Nahual (2013), El servilletero del Kaff Kabar (2014) y realiza un colectivo poético para publicar El hilo que remienda (2016). En Querétaro le publican 80 Aniversario: una celebración poética (conmemorando los 85 años de la primera edición de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry). Asiste a la clínica de poesía La poesía de enfrente con la Lic. Fernanda Tlalolin.
Caminar sobre la arena
Sentir envolviéndonos la brisa
con la suavidad acariciante
los pies perciben el húmedo tacto
el romper discontinuo de las olas
ante los acantilados roncan su espíritu
ahí en el rompimiento del oleaje
me descubro en serenidad
con la mirada fija en el horizonte
bocado divino de la infinitud
esa inquietante sensación ante la mar
extendida sobre sí misma embravecida
embelesando el cuerpo con su sombra
enemigo del mundo hostil
por pertenecer a otro espacio
se vuelca la escasa cordura
sin lucidez sobre mis hombros
se anida en mi vacío corazón
logra el alterado silencio
sin sospecha ante el letargo
regido por la sacralidad de la tarde
frente al escándalo del anaranjado sol
fruto inmaduro de mi tarde
Titubear ante la vida
Ésta que no solicitamos
venimos arrastrándola
de los hirsutos cabellos
con sus piernas desfallecidas
es un suspiro la queja
esa incomprensión del porvenir
congela la mirada en el horizonte
al contemplar el pasado
de falaz memoria
hilos rotos sin sentido
de olvidos obtusos
donde el camino aparece trunco
absortos rasgos
tropezones en lo vivido
última cita con los rayos
de esta larga travesía
si volteo un poco al calendario
hay días tenuemente marcados
menos agitados por la locura
mientras el cerebro recibe
a cuenta gotas los momentos
de nuestro presente perturbador