PRI y PAN poblanos, al borde de la extinción

Víctor de Regil

 

El PRI y el PAN, al menos en Puebla, como los conocimos hace tres décadas, están por dejar de existir. Los resultados obtenidos en el pasado proceso electoral extraordinario nos confirman que la ciudadanía se ha alejado definitivamente de estos dos partidos políticos que gobernaron Puebla en los últimos años.

Esto no significa que no haya una oposición en la ciudadanía. Recordemos que en la pasada elección federal 53% de los votantes eligieron una opción distinta a Morena. El gran problema es que los ciudadanos ya no se sienten identificados con las propuestas de estos viejos partidos políticos y, en lo que respecta a Movimiento Ciudadano, no termina de madurar para convertirse en una opción real dentro de la oposición.

La innatural alianza que se formó en el pasado proceso electoral entre el PRI y el PAN, así como con el extinto PRD, en Puebla ha terminado de la peor manera posible: con acusaciones, ofensas, huellas de, reproches y hasta golpes bajos. Lo sucedido en la elección extraordinaria, nos puede casi confirmar que no habrá alianza en la elección de 2027 entre esos dos partidos de oposición. Pero la peor parte la lleva, sin duda, el PRI que se ha quedado al borde del abismo de la desaparición y su dirigente estatal.

Lo anterior, junto con una posible ruptura con el PAN, parte de los resultados de las cuatro elecciones extraordinarias que dejaron muchos negativos para los dos institutos. Los resultados son contundentes, el PAN pudo rescatar el municipio de Venustiano Carranza.

Chignahuapan, Ayotoxco de Guerrero y Xiutetelco fueron para MORENA y sus aliados. El peor descalabro, aunque previsible por las condiciones en que se dio, fue Chignahuapan. Ahí, el candidato priísta Mario Olvera, terminó declinando por Juan Rivera, conocido como “El Diablo”, abanderado del oficialismo.

El PRI no subió a ninguno de los “populares y poderosos” como la familia Lorenzos Rivera, padre e hijo, y dejó de facto perder ese proceso. Así lo ven los panistas, quienes quedaron decepcionados de Néstor Camarillo y su aldeana cúpula, que jugó a cruzarse de brazos y perder en todos los procesos.

El PRI no sacó ni 900 votos. Para ser más exactos: 873 votos, menos incluso que los votos nulos.

Pasado el proceso electoral y conocidos los resultados, vinieron las acusaciones a través de videos colgados en redes, una guerra de declaraciones entre el Camarillo y Mario Riestra, el presidente del PAN poblano.

A esta batalla se sumó la secretaria general, Genoveva Huerta, en donde acusaron a Néstor Camarillo de ser un gandalla y colgarse de la fuerza electoral del albiazul, para conseguir la senaduría y quedarse con las plurinominales en el proceso 2024. Calificaron la actitud de Néstor como un intento desesperado para ocultar su fracaso y desviar la atención, para no enfrentar a su propia militancia.

“El PRI está en vías de extinción. Quieren seguir siendo subsidiados a partir de una alianza con el PAN”, fue la fuerte aseveración de Riestra, a quien le asiste toda la verdad. Señaló a Camarillo por traicionar a su militancia “para agandallarse posiciones y privilegios”. La senaduría que hoy tiene el de Quecholac, agregó Genovena, se la debe al PAN.

 

Nadie puede negar que Camarillo ha sido un pésimo dirigente que solamente ve por sus intereses y los de su camarilla. Ha sido el sepulturero del PRI poblano.

Lo han acusado de vender las candidaturas, de sumarse a Morena cuando le ha convenido, tal y como ha hecho el presidente nacional del PRI, Alito Moreno.

Las matemáticas de los resultados en Puebla y a nivel nacional anuncian que inevitablemente el Revolucionario perderá su registro en varias entidades. En Puebla es cuestión de tiempo y será mas temprano que tarde.