Morena y el Verde, la guerra

 

Victor de Regil

La reforma electoral de la presidenta Sheinbaum ha colocado a los aliados políticos de Morena, el Partido Verde y el PT, en la antesala de la ruptura y bajo el concepto de “traidores”, aunque no lo haya dicho tal cual.

Lo que respecta al Verde es el más interesante pues sin sus votos, no se logra la mayoría calificada que Morena necesita para modificar la Constitución, lo que abre un escenario de fricción que podría derivar en un rompimiento de la alianza rumbo a las elecciones intermedias.

Algunos de sus legisladores adelantaron que votarían en contra de la reforma electoral, el partido difundió un comunicado en el que aseguró que esas declaraciones “son expresiones a título personal y no representan la postura oficial del partido” y que su Comité Ejecutivo emitirá una posición una vez evaluada la iniciativa. Se intentó matizar la rebelión interna, pero al mismo tiempo se confirmó que el partido no va a respaldar automáticamente el proyecto presidencial.

El coordinador de los senadores del Verde, Manuel Velasco, levantó la mano de la senadora Ruth González, esposa del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, como posible candidata a la gubernatura en 2027, un gesto que desafía abiertamente la política antinepotismo impulsada desde Palacio Nacional. En paralelo, reapareció públicamente el verdadero jefe político del Verde, Jorge Emilio González. El heredero del partido acudió la semana pasada a una reunión para analizar la reforma electoral y explicó que asistía en representación de Velasco. El llamado “Niño Verde” dejó clara la posición del partido: “Vamos a oír, no conocemos la versión final… yo vengo nomás a recibir y de aquí me voy a ver a Manuel Velasco y ya le platicaré”. La escena dejó ver quién toma realmente las decisiones dentro del PVEM.

El mensaje fue reforzado después por el senador Luis Armando Melgar, quien confirmó que el partido no acompañará la reforma electoral en los términos actuales. Y ese posicionamiento es el que explica el comunicado difundido: un intento de bajar la presión sin comprometer el voto de la bancada.

El problema para Morena es que el Verde no es cualquier aliado. Su peso legislativo ha sido decisivo en varias reformas constitucionales durante los últimos años. Sin esos votos, el oficialismo no alcanza la mayoría calificada para modificar el sistema electoral. De ahí que desde el gobierno se haya comenzado a advertir que quienes no respalden la reforma serán considerados una suerte de “traidores” al proyecto político de la 4T.

La presidenta Sheinbaum, ha dejado claro que no piensa modificar lo sustancial de su iniciativa. “Yo cumplo con la gente y la gente sabrá quién votó a favor y quién votó en contra”, dijo recientemente. Y fue más allá al señalar que Morena tendrá que definir si mantiene su alianza con el Verde y el PT.

La advertencia coloca al Verde frente a una disyuntiva que conoce bien: negociar o tensar la cuerda. A lo largo de su historia, el partido ha sobrevivido precisamente gracias a su capacidad de convertirse en aliado indispensable de quien gobierna. Esa lógica le ha permitido pasar de coaliciones con el PRI a acuerdos con Morena.

Pero el historial del Verde también explica por qué su postura genera desconfianza dentro de la coalición. El partido ha estado envuelto durante años en diversos escándalos políticos. Uno de los más emblemático ocurrió en 2004, cuando se difundió un video en el que Jorge Emilio González negociaba presuntamente un soborno de dos millones de dólares para facilitar permisos de desarrollo turístico en Cancún.

Otro de los expedientes más controvertidos involucra a Manuel Velasco durante su gobierno en Chiapas entre 2012 y 2018. Investigaciones periodísticas documentaron pagos millonarios a empresas fantasma y presuntas triangulaciones de recursos públicos a través de contratos de comunicación social, en lo que se conoció como la llamada “Estafa Verde”.

Hoy ese capital político es precisamente lo que está sobre la mesa en la discusión de la reforma electoral. El Verde sabe que su voto es decisivo y lo está utilizando para negociar. Morena, por su parte, enfrenta el dilema de ceder en algunos puntos o apostar por la ruptura. La Presidenta al parecer va por la segunda.