Miriam de León. Su pelo de plata

Miriam de León. Poeta y cuentista guatemalteca, ha publicado los poemarios Clepsidra, Trashumante, Río revuelto, y Poesía insubordinada. Junto a Cuentistas de Guatemala, publicó el libro para niños Colorín colorado este cuento ha empezado; y Las ruinas de la memoria y No todos están muertos. En 2020 lanzó su libro de cuentos La chica de la bicicleta, el cual fue divulgado en el sistema Braille del Comité Pro-Ciegos y Sordomudos de Guatemala. Tres de sus poesías fueron incluidas en la Antología Poética del Centro PEN Guatemala, dedicada a Carlos René García Escobar, y fue parte también de la Antología Resistir 2022, donde se reunieron poemas de 300 escritores mundiales de PEN. Es miembro de Cuentistas de Guatemala, de la Asociación de Mujeres Periodistas y Escritoras de Guatemala (AMPEG), del Centro PEN Guatemala y de la Corresponsalía de Guatemala, hermanada con el Seminario de Cultura Mexicana.

 

Su pelo de plata

 

Y de nuevo en el ordenador

como si él y yo fuéramos uno solo

los dedos presionan las teclas,

una, dos tres y miles de veces

pareciera un ritual de jornada

y así sigo como si fuera

una tarea diaria

entro y marco tarjeta

como una proletaria

como una hormiga laboriosa

o una obrera hacedora de caminos

y así, sigo en esta tarea de siglos

me meto en la caja enorme de palabras

busco y vuelvo a buscar

la desordeno y persigo sin encontrar

y así persisto por mucho tiempo

unos minutos más y el cansancio

me obliga a suspender

me levanto y doy una vuelta

y accidentalmente

me acerco al espejo y me sorprendo

¡mi madre ha vuelto!

veo el rostro de mi madre reflejado

creo que ella también me mira con asombro

y quizás se sorprende más que yo

y por un instante me desconcierto

¡pero si soy yo!, ¡pero tan parecida a ella!

descubro que mi frente tiene sus mismos surcos,

su pelo de plata como el mío

si, al fin me fijo y sé que soy yo,

yo que desde hace mucho luzco su mirada

yo que hoy traigo dos sombras oscuras en el rostro

yo que hoy, coincido con ella en este espejo

y ahora ya no sé si ésta soy yo

o si es el rostro

de mi madre

que regresó hoy

para acompañarme…

 

Cielo cerrado

 

La mañana madruga anochecida.

Mientras que se enmienda la tormenta,

el cielo perfora la cerradura

y así llega el chaparrón

los peces amarillos nadan y se zambullen

y las gotas se amarran en borrasca

el sollozo es un fugitivo del diluvio

y un suspiro escapado cabalga

en residuos de migajas tristes

tan amargas como el tiempo muerto

y el torrente arrebatado permanece

como si fuera un compromiso

que termina en aguacero siniestro

en una precipitación de temporada

y mientras no salga el sol

y el cielo no cierre por fin

la llave del diluvio

la mañana anochecida

seguirá desbordándose

como tempestad

hasta los topes

del desorden,

un verdadero

vendaval

de tormenta…