
Mario Alberto Gálvez
Ocho de noviembre de 2025, en la colonia Los Reyes, de Tijuana, Baja California, México, fue capturado Jorge Antonio Sánchez Ortega, lo aprehendió la Interpol basado en la ficha roja que se expidió a petición de la Fiscalía General de la República.
El señor Sánchez Ortega tiene 61 años de edad, trabajaba como director de la empresa Peak Grovut Capital y se le detuvo porque se le acusa desde hace treinta años de haber accionado un arma de fuego contra el candidato del PRI para la presidencia de la república.
En el año 1994, Jorge Antonio Sánchez Ortega era parte del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), que era la agencia mexicana que espiaba a los ciudadanos para luego secuestrarlos y desaparecerlos si acaso sospechaban que tenían actividades subversivas o si pensaban tenerlas.
Fue designado (se piensa que por Carlos Salinas de Gortari) como parte del cuerpo de seguridad de Luis Donal Colosio Murrieta, candidato designado por el mismo Salinas como candidato a la presidencia de México.
El coordinador de la campaña de Colosio era Ernesto Zedillo y éste decidió que se desviaran de su ruta en Tijuana para hacer una parada en Lomas Taurinas y que allí el candidato pronunciara un discurso para los pobladores, hasta que se conoció el desenlace de ese evento su pudo comprender por qué Zedillo se desvió del camino que llevaban para adentrarse en ese lugar que contenía muy baja población y que además estaba desconectada de vías prontas para cualquier emergencia.
Zedillo ordenó que no se levantara un entablado, que Colosio se trepara a la parte trasera de una camioneta para que, micrófono en mano, diera su discurso. De esa manera, el candidato quedó al alcance de los que lo escuchaban.
Cuando Colosio terminó de hablar, descendió de la camioneta y se dirigió hacia el vehículo que usaba para trasladarse.
Para su protección, los elementos del Estado Mayor Presidencial (gente entrenada para la protección del Presidente) dieron forma a una figura que llaman «Diamante» en la que Colosio quedó en el centro, supuestamente apartado de la gente.
El empuje de los asistentes al acto político rompió la seguridad de Colosio dejándolo expuesto a lo que fuera, en esas condiciones tan precarias dos hombres dispararon contra él.
Los simpatizantes de Colosio se lanzaron contra uno de los que disparó, lo golpeó, lo arrastró, hasta que los elementos de seguridad se los arrebató.
El rostro y la figura del tirador quedó expuesto a las cámaras de televisión y se grabó en la memoria del mexicano: esbelto pero fuerte, de baja estatura, bigote delgado y pelo abundante y rizado.
Los elementos del Estado Mayor Presidencial acondicionaron una casa cercana para convertirla en Casa de Seguridad y allí encerraron al disparador.
En Los Pinos, Carlos Salinas de Gortari hizo dos movimientos: se comunicó con el Gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, para ordenarle que se trasladara inmediatamente a Lomas Taurinas y se pusiera al frente de la situación, la otra orden que dio Salinas fue que del CISEN enviaran a Genaro García Luna para que rescatara a un detenido por el asesinato de Colosio.
Manlio Fabio Beltrones llegó a Lomas Taurinas y en su camioneta se llevó al que disparó contra Colosio, horas después volvió para entregar a las autoridades a un joven de casi un metro ochenta de estatura, con el cabello recortado y sin bigote, que dijo llamarse Mario Aburto Martínez quién en los primeros interrogatorios gritaba con desespero: yo no fui, fue el viejón, fue el viejón.
Genaro García Luna llegó hasta donde estaba detenido un hombre llamado Jorge Antonio Sánchez Ortega acusado de ser el segundo tirador contra Colosio porque se le encontraron encima dos pruebas contundentes, su ropa estaba manchada con la sangre de Colosio y la prueba de rodizonato de sodio (residuos de pólvora) demostraban que disparó un arma en un tiempo similar a cuando mataron a Colosio.
Con el poder que le daba ser el representante de Carlos Salinas de Gortari, presidente de México, García Luna hizo que se liberara a Jorge Antonio Sánchez Ortega y se lo llevó a la Ciudad de México. Desde ese momento no se publicó su rostro ni sus señas particulares que son similares al sujeto que la gente atrapó y que las cámaras de televisión grabaron.
Días después, Mario Aburto declaró que no recordaba nada de lo que pasó porque le pegaron muy duro en la cabeza o porque le dieron a beber una sustancia extraña en el agua.
Tiempo después admitió haber sido el único que disparó contra Colosio y hasta explicó cómo fue que Colosio giró al recibir el primer balazo en la oreja para que pudiera meterle una bala más en el costado contrario.
Nadie creyó la versión oficial que hablaba del asesino solitario, las pesquisas no llevaron a nada nuevo y la gente se perdió en un mar de teorías, a Zedillo, Salinas lo hizo presidente del país y ocurrieron las desgracias del Error de Diciembre, el Fobaproa, la reforma a las pensiones, la creación de las Afores, la llegada de Vicente Fox a la Presidencia, su escandalosa corrupción, el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, el fraude electoral contra el pueblo de México para imponerle a Felipe Calderón en la presidencia del país, la simulada guerra contra el crimen organizado, 60 mil asesinatos, 120 mil desaparecidos, un billón de dólares por la venta del crudo desaparecidos y la llegada del superficial y tonto Enrique Peña Nieto que trajo sus masacres propias como los 43 estudiantes de Ayotzinapa secuestrados y su Verdad Histórica.
Sin embargo, el asesinato de Luis Donaldo Colosio era una llaga dolorosa sobre la piel del Pueblo, décadas después exigía saber quién mató a Colosio.
Eso fue lo que encontró Andrés Manuel López Obrador cuando el Pueblo lo hizo presidente de la república, por eso, su equipo de especialistas en hermenéutica analizó la documentación sobre el caso y se encontró con el caso de Jorge Antonio Sánchez Ortega y su milagroso rescate.
AMLO solicitó a un juez que reabriera el caso y librara una orden de aprehensión contra el segundo disparador contra Colosio, entonces una vez más las piezas del engranaje que construyeron los oligarcas se movieron para que el juez, sin que fuera de su competencia, negara reabrir el caso Colosio y la orden de captura de Jorge Antonio Sánchez Ortega y declarara que se negaba porque AMLO tenía intereses políticos.
Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia de la república y revivió el caso, la Fiscalía General de la República solicito a otro juez la orden de captura y a la Interpol la ficha Roja para la localización del segundo asesino material de Colosio.
La orden de aprehensión fue efectuada y al conocerse la noticia. los periodistas chayoteros difundieron la noticia de que la captura de Jorge Antonio Sánchez Ortega solamente es un distractor, una cortina de humo, para tapar el asesinato del presidente municipal de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, al que por cierto se le cayó el aura de santidad política porque se encontró un vídeo en el que aparece en una amistosa reunión con Carlos Alazraki, Rubén Moreira, Rubén Aguilar y otros priistas que le llevaron regalos y lo felicitaron por atacar con tanta saña a los enemigos del PRI.
Todavía hay muchos que no quieren comprender que los priistas así abrazaron y felicitaron a Luis Donaldo Colosio Murrieta antes de que fuera asesinado.
Jorge Antonio Sánchez Ortega fue detenido y los que participaron en el complot criminal se retuercen los dedos de las manos, llenos de angustia, preguntándose; ahora que Jorge Antonio Sánchez Ortega no está bajo su protección ¿qué declarará?