Irma Ruth del Ángel del Ángel (San Luis Potosí, México. 1966). Conocida en el mundo literario como la Novia de las Letras. Doctora en Literatura y lenguaje, con amplia trayectoria literaria. Su obra ha sido traducida al: inglés, gallego, italiano, chino cantonés, portugués y francés. Su obra ha sido integrada en varias antologías, y comentada en diferentes revistas y periódicos nacionales e internacionales. De su más reciente libro: “POEMAS DEL TINTERO” (2024) Colección Haberes y Saberes.
TESTAMENTO
El día que me muera
No quiero un funeral,
En lugar de 4 cirios
Báñenme con café orgánico de los altos
de Chiapas.
Antes de ser cremada,
Vístanme con los poemas que escribí,
Aromen mi cuerpo con las palabras que
se quedaron en el tintero.
No me encierren en una urna
Siempre fui un espíritu libre
Así quiero seguir.
No quiero homenajes
Donde acuda gente, que jamás me habló,
Que nunca conocí
Y requieren de la foto del día.
No quiero historias:
De lo bueno, mala o perversa que fui.
Mis pertenencias y agravios
Pocos son
Pero los dejo bien repartidos.
A mis padres les dejo:
El orgullo de haber parido una hija con
alas muy grandes
Y una desobediencia descomunal.
A mis hijos les dejo:
Mis alas para que sigan volando
Más alto que yo,
Enfrentando la vida con valentía.
Pido que cada uno de los libros de mi
biblioteca
Sean regalados
A los peatones en la calle
Para que posean un poco
De la sabiduría que cada uno me dio.
Los libros que yo escribí,
Métanlos en botellas y láncenlas al mar
Para que regresen al Dios de las
palabras.
A mis amigos les dejo:
La magia de mi sonrisa
Y les devuelvo la energía
Que pródigos me dieron.
El día que me muera
Alcen su copa de vino,
Lean un poema, así simple,
Sin lágrimas
Sin tristeza
Sin agravios, ni menoscabo.
Mis cenizas, úsenlas de abono
En los árboles que generosos
Me compartieron sus frutos.
También es necesario que sepan,
Que dejo por escrito, que pido perdón:
Porque debí haber leído más y no lo hice,
“Porque comí frutos y no regresé la
semilla a la tierra”,
Por los besos que se quedaron entre mis
bolsillos y no di en su momento,
Por no haber disfrutado más días
soleados,
Por no haber gritado más fuerte, hasta
desgañitar la garganta;
Quizá hubiera menos mujeres, hombres y
niños muertos.
Porque en lugar de echar las monedas al
cepo de oro;
Se las di al mendigo en la calle,
A la anciana vendedora de semillas,
A la mano infantil maltratada.
Perdón por todo
Así me quiero ir
Así de simple.
Esta es mi voluntad,
Cúmplase a carta cabal.