



La sociedad se encuentra consternada e indignada tras el trágico fallecimiento de Emmanuel Esteban Campaña Sánchez, quien perdió la vida el pasado fin de semana al ser víctima colateral de un hecho violento en el que también resultaron baleados otros dos jòvenes.
Emmanuel había cumplido 29 años el pasado 21 de enero. Era licenciado en Fisioterapia, titulado, y se distinguía no solo por su preparación profesional, sino por su profunda calidad humana y su firme compromiso con el bienestar de los demás.
Familiares y amigos lo describen como un gran hijo, un extraordinario hermano, un sobrino cariñoso y un amigo incondicional. Su vida estaba marcada por la disciplina, la responsabilidad y un corazón generoso. No fumaba, no bebía, no consumía drogas. Era un joven enfocado en el estudio, el deporte y en construir un futuro sólido.
Apenas un día antes del trágico suceso, había recibido las llaves del local donde proyectaba abrir su propia clínica de fisioterapia. Su visión iba más allá del éxito profesional: quería atender gratuitamente a personas adultas mayores de escasos recursos, convencido de que la rehabilitación debía estar al alcance de quienes más la necesitaban. Su proyecto tenía un claro sentido social.
Ese mismo día hablaba con entusiasmo sobre iniciar una maestría en nutrición. Estaba revisando universidades y afinando detalles para continuar preparándose. Siempre buscaba superarse.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un joven alegre, bromista, amoroso y con un carisma especial. Tenía el don de hacer reír a los demás y de levantar el ánimo incluso en los momentos difíciles. Cuando algo no salía bien, abrazaba a su familia y repetía con fe el versículo que más le gustaba: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
Los domingos acudía con gusto a la congregación. Disfrutaba pasar tiempo en casa con sus padres y su hermano; los fines de semana solían compartir en familia o salir a un parque. Era sensible ante las injusticias, se conmovía con la música y las películas, amaba la lectura, cantar y bailar.
Además de su vocación profesional, Emmanuel impulsaba a jóvenes y adultos a alejarse del alcoholismo y la drogadicción mediante el deporte y programas de disciplina y acompañamiento. Él mismo se estaba preparando para una competencia deportiva en los próximos meses, demostrando su constancia y determinación.
Horas antes de su partida, había invitado a su padre al cine. Luego comentó que asistiría a una cena. Nadie imaginaba que sería la última vez que escucharían su voz.
La muerte de Emmanuel no solo enluta a su familia, sino que deja una profunda herida en la comunidad. Su historia es la de un joven trabajador, creyente, disciplinado y comprometido con el bien común, cuya vida fue truncada en circunstancias que hoy generan indignación social y un llamado urgente a la reflexión sobre la violencia que sigue arrebatando vidas inocentes.
Hoy, quienes lo amaron lo recuerdan como un joven lleno de luz, fuerza y esperanza. Su legado permanecerá en cada persona a la que ayudó, en cada sonrisa que provocó y en el sueño de servicio social que dejó sembrado.
Su vida fue breve, pero su luz y su ejemplo permanecerán en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo