Estravoss López López. (Veracruz, México) Con apenas 17 años, sueña con ser escritor, encontró en las palabras una forma de liberar lo que siente y piensa. Desde hace algún tiempo escribe sobre el amor, las emociones y todo lo que le mueve por dentro. Su estilo es directo, sincero y busca llegar al corazón de sus lectores. Se encuentra trabajando en su primer libro, algo que significa mucho para él y que desea compartir con el mundo, cree que las historias por muy simples que sean, pueden tocar corazones.
Actualmente estudia la preparatoria y después piensa cursar la carrera de Pedagogía. Uno de los escritores que admira es Mario Benedetti. Empezó escribiendo frases, pensamientos hasta llegar a los poemas y escritos más sentimentales y plasmados con su sentir. De sus profesores de primaria que dejaron huella y que lo han impulsado está Dora Alicia Ortega Lozano.
Pienso en ti
Te encuentro en cada verso de cada canción de amor que escucho; es inevitable no hacerlo, pues eres a quien amo. Eres a quien veo en personajes, a quien no puedo olvidar nunca, y a quien le entregaría todo mi ser.
Discúlpame por amarte tanto, en verdad no sé cómo detenerme, y tampoco quiero hacerlo. Quiero amarte hasta la eternidad y aún más.
Me encanta cómo me siento al escuchar una canción de amor; me encanta que, mientras la escucho, pienso en ti y en tus hermosos ojos y mejillas, en tu cabello y en tus pestañas.
Me haces feliz, aunque no lo sepas.
Proverbios 3:15
Su belleza es un enigma, una sinfonía de perfección que no puede compararse con nada ni con nadie. Ella es, sin duda, lo más bello que existe en todo el mundo. Sus ojos, esos dos espejos del alma, son un océano de sentimientos. Cuando los miro, me pierdo en su profundidad y en su color, un misterio en sí mismo, cambia con la luz, revelando tonos que solo puedo describir como mágicos. Es en esos ojos donde encuentro mi refugio, mi paz, y mi felicidad.
Sus mejillas, suaves y bellas como los pétalos de una rosa recién florecida, son el complemento perfecto a su hermosura. Cuando sonríe, sus mejillas se iluminan y reflejan una ternura indescriptible, una dulzura que solo puede compararse con la fragancia de un jardín de rosas en plena primavera. En cada caricia, en cada mirada, me transmiten un amor puro y sincero, un amor que nunca había conocido antes.
Ella es una rosa en el jardín de mi vida, una flor que destaca por su belleza y fragancia. No hay rosa que se compare a ella, ninguna flor que pueda rivalizar con su encanto. Su presencia es un deleite para mis sentidos, y cada día a su lado es un regalo que agradezco profundamente. Su belleza no es solo física; es un reflejo de su alma, de su bondad, y de la pureza de su corazón.
Amarla es como cuidar la rosa más delicada y hermosa del jardín.