El regreso de López Obrador

 

 

Víctor de Regil

El expresidente López Obrador reapareció el pasado domingo con intenciones muy bien calculadas: nada en la pobre escenificación que encabezó desde su finca “La Chingada”, en Tabasco, fue circunstancial.  Dijo todo lo que no es, para dejar en claro lo que sigue siendo: el jefe máximo y moral de su movimiento; el líder insustituible de México; el poder detrás del trono y el único salvador de la patria.  Es decir, todo lo que quiso negar con palabras, lo afirmó entre líneas.

Y es que, con sus gestos, con sus palabras, con el hecho de reaparecer y romper su año sabático. Con el pretexto de la presentación de su libro “Grandeza”, el tabasqueño lanzó un contundente mensaje político. “No se preocupen, si a Claudia Sheinbaum se le sigue saliendo México de las manos, aquí estoy yo para resolver el cagadero”.

Sin duda, se trató de una humillación en toda regla para quien sigue siendo la sombra de un caudillo que jura, rodeado de pavorreales de vistoso plumaje, no ser caudillo.

El eje del mensaje de López Obrador está en los tres supuestos, que él mismo delineó, para volver a salir a las calles a retomar su actividad política:

La primera, la defensa de la democracia ante la posibilidad de un fraude electoral de la derecha; La segunda, la defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum, ante acosos o un posible “golpe de Estado”. Y la tercera, la defensa de la soberanía ante amagos que vengan del exterior.

Para él nada es casual: ni el día, el aniversario de su ascenso al poder; ni el lugar, el epicentro real del poder; ni la escenografía, una finca que ya quisiera el más humilde de los campesinos de este país, escogidos para el calculado montaje del retorno del patriarca.

Hasta el peinado y el vestuario fueron fríamente calculados.

Ante su aparición, surgen algunas preguntas: ¿A qué se refiere AMLO cuando pide “más apoyo” para la presidenta, la que él eligió, la que el impulsó?, ¿La ve débil?, ¿La observa en graves problemas?, ¿Siente que a la primera presidenta en la historia de México se le está saliendo el país de control?,

¿Ese mismo país que él, por cierto, le dejó caótico, devastado, polarizado, colgado de alfileres muy débiles?

AMLO dijo que no es indispensable y que no quiere hacer sombra a la presidenta. Pero con el simple hecho de reaparecer, hizo lo que dice no querer hacer. Lo del domingo no fue sino un manotazo en la mesa. Un abierto, obvio, contundente y calculado acto de poder. Que nadie se engañe.

Incluso, el anunciar que no hará gira nacional para presentar su “libro”, porque “no quiere hacer sombra” a la presidenta, es un gesto de profundo desprecio hacia su sucesora. “No recorro el país porque no quiero evidenciar quién es el verdadero caudillo de la 4T; luego entonces, como soy magnánimo, te ahorro ese trago amargo”.

Prepotente, soberbio, misógino, cínico y profundamente enamorado del poder. Ese que atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos.

No por nada, el mitin-acarreo de este fin de semana en el zócalo de la CDMX, para festejar quién sabe qué pero pensado y planeado básicamente para mandar un mensaje de fortaleza, es totalmente lo contrario:

Una lamentable muestra de debilidad y de que Claudia Sheinbaum y su gobierno no pasan por su mejor momento, y que AMLO no sólo lo sabe, sino que tan lo sabe, que entiende que tiene que salir a su rescate -en realidad: el rescate de sí mismo-.

Dicho mitin, incluso, resulta inoportuno, y más, mucho más, tras la multifacética puesta en escena obradorista.