AMLO y Barbosa, más que aliados

 

Se ha escrito mucho sobre la relación que guardan el presidente López Obrador y el gobernador Miguel Barbosa, muchas de ellas infundadas o con una mezcla de dolo para polarizar entre ambos mandatarios.

Y es que, muy lejos de la versión de las plumas y los bots enviados por los prematuros candidatos, la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Puebla fue muy fructífera, además de que se desarrolló en un ambiente de mucha cordialidad y con reconocimientos francos del tabasqueño al trabajo del gobernador.

Dice mucho la frase “nos has ayudado mucho, Miguel”, que le dijo el Presidente en Casa Aguayo, frente a todos los directores de los programas de Bienestar y Ariadna Montiel Reyes, secretaria federal del ramo, lo resume todo.

Pero veamos cómo los hechos y los testimonios, como las fotografías, despejan la bruma que esparcieron muchos de sus adversarios.

La reunión fue privada. La razón es muy sencilla, por si muchos no lo ven: hay veda electoral.

El proceso de Consulta Popular sobre Revocación de Mandato, que tiene su jornada en las urnas el próximo 10 de abril, impiden que los gobiernos federal y estatal informen. Transmitan en vivo. Emitan comunicados con datos sobre lo que se discutió en la Reunión de Evaluación de los Programas Federales de Bienestar.

Sin embargo, han trascendido algunos detalles, que pintan cuán cordial fue el encuentro de los mandatarios, quienes, también, por cierto, no han dejado de reunirse.

Barbosa ha acudido un par de veces a Palacio Nacional, desde que comenzó el año, además de que se encontraron en la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.

También hay que recordar que Andrés Manuel estuvo en Puebla en octubre del año pasado y, a diferencia de esta ocasión, aquella sí pudo ser transmitida porque no había veda electoral como la de ahora.

El Presidente de la República durmió en la ciudad de Puebla. Venía de una vista a Morelos, comió en Atlixco. Llegó puntual a su cita en Casa Aguayo. Ni la sede gubernamental ni los alrededores se blindaron, realmente. Se dio un discreto operativo.

López Obrador llegó por una entrada aledaña, porque es la que lo condujo directamente al estacionamiento del inmueble.

Desde que bajó de su vehículo, fue recibido por el gobernador Barbosa.

“Estamos muy a gusto de que nos recibas. Vinimos a visitarte”, le dijo Andrés Manuel a Miguel. Tuvo un recorrido por el inmueble que data del Siglo XVI. Preguntó si se trataba de “Casa Puebla”. Recibió una abundante explicación del gobernador. Describió la diferencia entre una y otra. Hizo la analogía con Los Pinos, que fue abierta al público, como aquí ocurrió con Casa Puebla, pues ahora el gobernador y su familia tienen un domicilio particular.

La reunión se realizó conforme lo planeado. Duró poco menos de hora y media. El Presidente tenía ya el compromiso de llegar a Tula, Hidalgo. También para una reunión de trabajo.

Así que aquellos que dijeron que se trató de una “visita ex profeso”, también se equivocaron. No, el Presidente anduvo de gira por el centro del país. Visitó Morelos, Puebla e Hidalgo. Lo que ocurre es que, también por la veda, no se dio a conocer su agenda.

La fuente de la Presidencia lo sabe y por eso en la capital del país no hubo especulaciones. Esas se dieron aquí, en Puebla.

Luego de atender el tema de la agenda, López Obrador se vio muy satisfecho, de acuerdo con los comentarios de los asistentes.

“Nos has ayudado mucho, Miguel”, le dijo cuando además el gobernador ofreció apoyar a los funcionarios federales, a sacar avante temas que no se han podido concretar. Se pondría todavía más contento el Presidente.

El gobernador le entregó un documento histórico firmado por Benito Juárez García y el General Ignacio Zaragoza, en el que se concede a Manuel Cortés el grado de subteniente de la Segunda Batería del Batallón de Artilleros. Está fechado en mayo de 1961.

Justo un año antes de la histórica Batalla de Puebla.

Y con esa frase se despidió el Presidente, sonriente, alegre y satisfecho. “Nos vemos el 5 de mayo”.