
Victor de Regil
A casi cuatro meses de la inauguración del Hospital General Regional No. 36 del IMSS, denominado Carmen Serdán Alatriste, la vialidad principal y los alrededores del nosocomio, ubicado en la capital poblana, han sido ocupados por más de una decena de comerciantes ambulantes adheridos a la agrupación 28 de Octubre.
Los puestos instalados y la presencia de familiares de pacientes sobre la banqueta dificultan el paso de los peatones, quienes en varios tramos deben descender al arroyo vehicular para avanzar.
La situación se complica con la presencia de taxis de aplicación y de sitio, quienes han tomado uno de los carriles de la vialidad, reduciendo el espacio disponible para la circulación vehicular.
El COREMUN regula la presencia del comercio en vía pública. El Capítulo 16 establece que sí está permitido, pero debe contar con la autorización del Ayuntamiento de Puebla, especificando zonas, días y horarios.
De acuerdo con el área de Comunicación Social de la Secretaría General de Gobierno, no existen permisos para el comercio popular en esa zona. Se informó, además, que cuando se detecta la presencia de estos comerciantes, se llevan a cabo operativos para mantener el orden y privilegiar el espacio público.
En la entrada principal del nosocomio, ubicada en la calle Amor, la banqueta se ha convertido en un espacio ocupado en su mayor parte por el comercio informal y por personas que esperan noticias de sus familiares internados, ante el acceso restringido para ingresar al hospital.
A lo largo de este tramo hay al menos ocho puestos semifijos instalados sobre la acera. Los vendedores ofrecen tacos de canasta, botanas, fruta picada, gelatinas, tortas, así como artículos de uso cotidiano como jabón y toallitas húmedas.
Para promocionar su mercancía, algunos comerciantes han colocado cartulinas sujetas a los barrotes de la barda del hospital, en las que anuncian los alimentos que venden.
A esta dinámica se suma la presencia constante de familias que permanecen durante horas a las afueras del hospital, muy cerca de la entrada principal, en espera de información sobre sus pacientes. Muchas de ellas colocan bancos sobre la banqueta para descansar, lo que reduce aún más el espacio disponible para el tránsito peatonal.
La combinación de puestos, mobiliario improvisado y personas en espera provoca que gran parte de la acera quede obstruida, lo que obliga a los peatones a abrirse paso entre los obstáculos o, en algunos casos, a descender al arroyo vehicular para continuar su trayecto, con el riesgo que implica el tránsito de vehículos.
El mismo panorama de comercio informal se replica en la calle 10 Poniente y 29 Norte, a un costado del hospital, donde al menos tres puestos de alimentos se han apropiado de la acera.
Las vendedoras de carnitas, tacos y memelas acaparan el espacio con sus carros de alimentos y bancos colocados para que los clientes consuman en la vía pública, reduciendo también el espacio para caminar.
Las complicaciones para transitar se agravan con la presencia de vehículos que se estacionan durante horas en la calle principal, a pesar de la señalización que prohíbe hacerlo.
El espacio es utilizado por familiares de pacientes que acuden al hospital. A ello se suma que la zona se ha convertido en una base informal de taxis cuyos conductores permanecen formados frente al nosocomio en espera de pasaje.
Esto ocurre a pesar de que cuentan con un espacio designado a un costado del hospital, el cual suele permanecer vacío mientras los vehículos continúan agrupándose frente al acceso principal.
La situación provoca una reducción significativa del espacio para la circulación. De los tres carriles de la vialidad, uno permanece ocupado por automóviles estacionados de manera irregular y otro corresponde al carril confinado del sistema de RUTA, por lo que el tránsito vehicular queda prácticamente limitado a un solo carril, lo que genera congestionamiento en la zona.