
Abel Pérez Rojas
El 2027 está próximo. Apenas unas semanas nos separan de la reunión de fin de año, ese rito cargado de memoria y expectativa que invita, casi de manera inevitable, a la revisión del trayecto vivido. En mi caso, como ha ocurrido en otros cierres de ciclo, concluiré este vetusto 2026 escribiendo poesía, entendida no solo como expresión estética, sino como una forma de pensamiento y de ordenamiento de la experiencia.
Las líneas que siguen no buscan configurar un balance celebratorio ni un inventario de logros personales. Se plantean, más bien, como un ejercicio de contextualización reflexiva. Detenerse a observar los procesos que han ocupado el tiempo reciente permite comprender que la actividad cultural no se define únicamente por sus resultados visibles, sino por la constancia, el diálogo y la dimensión colectiva que la sostienen. Como bien señaló Octavio Paz, “la poesía no es un decir, es un hacer”; un hacer que se construye en el tiempo y con otros.
Noviembre y diciembre han sido meses particularmente intensos. Durante este periodo he concentrado buena parte de mi atención en la distribución de la Agenda de poesía latinoamericana actual 2026, una labor que implica organización, presentaciones y encuentros, pero que también revela la complejidad estructural de los proyectos culturales independientes. El tiempo, siempre apremiante, se convierte aquí en una variable central que exige planificación, disciplina y claridad de propósito.
De manera paralela, mi labor como coordinador editorial de la Colección Biblioteca Dr. Salvador Calva Morales se ha visto reforzada por la próxima publicación de los volúmenes 53 al 55 de la serie. Este proceso ha requerido jornadas prolongadas de lectura y revisión cuidadosa, así como un diálogo editorial permanente. Más allá de la tarea técnica, ha sido un ejercicio de acompañamiento intelectual que confirma la relevancia del trabajo editorial como mediación entre la escritura, el pensamiento y la comunidad lectora.
La revista literaria Filigramma, un espacio dedicado a la difusión de la literatura contemporánea, también enmarca este tránsito entre un año que concluye y otro que comienza. La publicación del último número en noviembre y del primero en enero no responde solo a una lógica calendarizada, sino a la convicción de que la continuidad es una forma de compromiso cultural. Toda transmisión de la palabra implica responsabilidad, pues “lo que no se cuida, se empobrece”.
Como parte de este recuento no puedo dejar de mencionar la planeación que conlleva el reciente lanzamiento de la convocatoria para la conformación de la Séptima antología internacional de poesía Sabersinfin, porque es una actividad que sirve como puente para lo que en mayo próximo será el VIII Encuentro Internacional de Poesía Sabersinfin (20 al 22 de mayo de 2026) y la Agenda de poesía latinoamericana actual 2027 (octubre 2026 a enero 2027).
En este mismo contexto, decidí atender una observación reiterada por amigos y lectores: retomar con mayor énfasis la publicación de libros de mi autoría. Si bien en el quinquenio que concluye participé activamente como compilador en proyectos como la Antología internacional de poesía Sabersinfin, la Antología homenaje a Salvador Calva Morales y la Agenda de poesía latinoamericana actual, desde la aparición de Mírame en mi poesía (Casas del Poeta A.C., 2020) no había concentrado mi trabajo creativo en una obra personal sostenida.
Mencionar estos procesos no responde a un afán enumerativo, sino a la certeza de que la poesía no se produce en el vacío. Editar, coordinar, distribuir y escribir forman parte de un mismo ecosistema cultural donde la experiencia individual dialoga con lo colectivo. Gaston Bachelard lo expresó con claridad al afirmar que la palabra poética nace cuando la vivencia se vuelve reflexión habitada.
En ese entramado he continuado escribiendo poesía como una práctica constante y necesaria. Para que no quede solo en el ámbito personal, comparto de mi autoría los poemas Código olvidado y Cercanía del origen, textos que dialogan con inquietudes contemporáneas en torno a la memoria, el origen y la relación entre experiencia y lenguaje.
Los comparto con la expectativa de que propicien reflexión y acompañen este cierre de año como una invitación serena. Leer, compartir o escribir poesía en estos días puede ser una forma de habitar el tiempo con mayor conciencia, de recuperar la pausa y de reconectar con aquello que, incluso en medio del vértigo cotidiano, sigue dando sentido a la palabra.
Código olvidado
Sé muy bien
que el silencio
es el código olvidado
con el que nos unimos
que el silencio
es el código olvidado
con el que nos unimos
a la trama invisible,
la clave secreta
que sincroniza nuestra vibración
con lo eterno,
anterior al latido de la palabra.
la clave secreta
que sincroniza nuestra vibración
con lo eterno,
anterior al latido de la palabra.
No es ausencia,
es una arquitectura invisible
donde la respiración aprende a escucharse
y la conciencia deja de tropezar
con su propio ruido interno.
es una arquitectura invisible
donde la respiración aprende a escucharse
y la conciencia deja de tropezar
con su propio ruido interno.
El silencio
es más que aislamiento,
es un umbral
en el que el mutis devuelve sentido al escenario,
las luces reconocen su sitio
y el gesto mínimo
adquiere gravedad plena.
es más que aislamiento,
es un umbral
en el que el mutis devuelve sentido al escenario,
las luces reconocen su sitio
y el gesto mínimo
adquiere gravedad plena.
Callar no es rendirse,
es afinar el pulso,
permitir que la lengua descanse
para que la verdad se aproxime
sin ornamentos
ni estridencias profusas.
es afinar el pulso,
permitir que la lengua descanse
para que la verdad se aproxime
sin ornamentos
ni estridencias profusas.
Así la pila se recarga
como si el alma recordara
su trazo inicial,
habitar el mundo con atención,
decirlo sin decir,
desde la quietud que es cimiento,
como si el alma recordara
su trazo inicial,
habitar el mundo con atención,
decirlo sin decir,
desde la quietud que es cimiento,
hálito que sostiene todo.
El silencio es el código olvidado
y el éter su pulsación eterna.
Cercanía del origen
La fuente de sabiduría infinita
está muy cerca,
aunque a veces se oculte en nubes,
porque habita en la intuición,
en ese pulso leve
que avanza sin estruendo
está muy cerca,
aunque a veces se oculte en nubes,
porque habita en la intuición,
en ese pulso leve
que avanza sin estruendo
como vena bajo la dermis
y permanece.
y permanece.
Es un rasgo del sueño,
una hebra delicada
que puede torcerse
hasta volverse desvelo,
por exceso de claridad
cruda, sin cernir.
una hebra delicada
que puede torcerse
hasta volverse desvelo,
por exceso de claridad
cruda, sin cernir.
Manifestar realidades
requiere atención sostenida,
una mirada capaz
de leer señales mínimas
en el tejido del día
requiere atención sostenida,
una mirada capaz
de leer señales mínimas
en el tejido del día
—hilos de luz en lo ordinario—.
Lo que suele llamarse imposible
es apenas un umbral anónimo.
es apenas un umbral anónimo.
Acceder a otras dimensiones
pide permanecer en el mundo
con hondura,
comprender que lo inasible
también sostiene
la arquitectura de lo cotidiano
pide permanecer en el mundo
con hondura,
comprender que lo inasible
también sostiene
la arquitectura de lo cotidiano
como raíces celestes.
Todo resulta tan accesible
como recordar,
volver al punto primero
donde el saber
se reconocía en silencio
como recordar,
volver al punto primero
donde el saber
se reconocía en silencio
profundo, sin retorno,
y la conciencia avanzaba
sin mapas
hacia aquello que siempre le perteneció.
y la conciencia avanzaba
sin mapas
hacia aquello que siempre le perteneció.
La fuente de sabiduría infinita
está al alcance:
despierta el geiser de la intuición
y deja que brote.
Que estos días estén llenos de paz, amor, prosperidad y mucha poesía.
Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoeta