El Club Puebla, ¿en venta?

Victor de Regil

 

Medios nacionales han reportado que la venta del Club Puebla dejó de ser un rumor de vestidor para transformarse en una operación financiera de alta prioridad y urgencia para su propietario, Ricardo Salinas Pliego, “el Tío Richi” ante la asfixia económica que enfrenta Grupo Salinas. Se sabe que inversionistas estadounidenses y el fondo internacional G.O.O.L. Capital se perfilan como los postores más sólidos para adquirir la franquicia, la cual ha sufrido una devaluación histórica al ofertarse en 65 millones de dólares, un precio de auténtica “liquidación”, pues todavía el año pasado se cotizaba en al menos 100 millones de dólares.

Este año, La Franja pasó a ser catalogada como un “activo en dificultades”. Este desplome en el precio no responde únicamente al desastre deportivo, donde el equipo tocó fondo en la tabla general, sino a la necesidad imperiosa de Ricardo Salinas de inyectar liquidez inmediata a su conglomerado para afrontar los adeudos fiscales con el SAT, que superarían los 50 mil millones de pesos.

La presión a Grupo Salinas viene de varios flancos, la presión legal por los fallos adversos de la Suprema Corte de Justicia y el mandato de la FIFA y la Liga MX para erradicar la multipropiedad antes del Mundial 2026. Al ser propietario de Mazatlán FC y del Club Puebla, el magnate está obligado a desinvertir en al menos uno de sus activos, y los reportes de mercado confirman que ambos clubes están hoy en la vitrina de remates.

Recordemos que meses atrás se especuló con una inversión inglesa, la brújula de la negociación apunta ahora firmemente hacia el norte. El fondo G.O.O.L. Capital figura como el actor principal en las mesas de negociación. De hecho, el presidente del club, Manuel Jiménez, ha confirmado acercamientos con este grupo bajo la narrativa oficial de “sanear finanzas”, aunque fuentes internas sugieren que se trata de una transición de propiedad total.

Se sabe que la estructura de capital apunta a instrumentos financieros de Estados Unidos, siguiendo la tendencia de fondos norteamericanos que ven en la Liga MX una plataforma comercial subvaluada. Operaciones recientes, como la adquisición del Club Querétaro por Innovation Capital, han validado el interés de Wall Street en el fútbol mexicano, siempre y cuando el precio de entrada sea lo suficientemente bajo, condición que el Puebla cumple cabalmente con su etiqueta de 65 millones.

Para hacer la franquicia más apetecible a estos compradores extranjeros, la actual administración ha ejecutado una “operación quirúrgica” de saneamiento que la afición ha interpretado como abandono. La estrategia de “desmantelamiento de activos”, centrada en la venta de figuras y la incorporación de jóvenes de bajo costo a préstamo, tiene como único fin reducir el Gasto Operativo al mínimo, entregando así una nómina ligera y manejable al nuevo propietario.

Esta austeridad forzada explica la contratación de perfiles discretos en la dirección técnica y la falta de refuerzos de renombre. Desde la óptica financiera, para Grupo Salinas es más rentable vender un equipo “barato” de operar y libre de compromisos salariales altos, aunque esto haya costado la competitividad deportiva y la paciencia de la tribuna camotera durante los últimos torneos del Club Puebla.

 

El problema que se advierte con la transacción es que se maneja como una subasta abierta. Si un fondo de inversión estadounidense adquiere el 100 por ciento de los derechos federativos y el certificado de afiliación sin candados de arraigo territorial, existe el riesgo real de que, a mediano plazo, busquen reubicar la franquicia a una plaza que les garantice un retorno de inversión más rápido si la marca “Club Puebla” no les resulta redituable.

El panorama es crítico y el tiempo es un factor en contra. La llegada de los dólares de G.O.O.L. Capital podría significar la salvación financiera de la institución, o el inicio del fin de su historia en la Angelópolis si no se blinda su permanencia en el Estadio Cuauhtémoc.