Armenta y Salomón, la unidad

 

Victor de Regil

 

En días pasados, se dio una reunión entre el gobernador Alejandro Armenta con su antecesor Sergio Salomón, el alcalde José Chedraui, José Luis García Parra y Javier Aquino Aunque hoy prácticamente todas las encuestas marcan una tendencia muy favorable a Morena para los próximos comicios intermedios, lo cierto es que si el partido oficial llega dividido a ese proceso electoral, las posibilidades de triunfo ya no serán tan cómodas y el riesgo de derrotas aumentará de forma notable.

Y es que, para el trascendental 2027, cuando en Puebla se renovarán las 217 alcaldías y el Congreso del estado, además de las 15 diputaciones federales, el peor enemigo de Morena no será sino Morena. Si sus tribus, al estilo de lo que llegó a ser el extinto PRD, chocan, se enfrentan y entran a una disputa a navajazo limpio por las candidaturas, no sólo perderán muchos de los espacios de poder que hoy tienen, sino que en automático se complicarán las cosas de cara al 2030, cuando los ciudadanos irán a las urnas para elegir un nuevo gobernador o una gobernadora.

Y en el camino habrán causado la resurrección de una oposición (PAN-PRI-MC-PSI) que hoy sencillamente no existe en el mapa político estatal. Eso, todo eso, tal vez haya sido la razón que motivó la reunión que sostuvieron los connotados integrantes de dos distintos grupos morenistas.

Por un lado, los armentistas: el gobernador Alejandro Armenta, acompañado del jefe de Gabinete, José Luis García Parra. Por el otro, los salomonistas: el exgobernador y comisionado de Migración, Sergio Salomón Céspedes, acompañado del alcalde José Chedraui y el ex secretario de Bienestar y nuevo delegado en el estado de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Javier Aquino.

Un cónclave que se ha prestado a todo tipo de interpretaciones, pero que en esencia refleja la necesidad de ambos grupos de mandar un mensaje de unidad interna, aunque tengan intereses divergentes, y de fijar reglas mínimas de convivencia rumbo a 2027.

Para nadie es un secreto que, para las candidaturas, quien “lleva mano” no es sino el primer morenista del estado: Alejandro Armenta. No sólo estará en juego el poder Legislativo local que se encargará en su momento de la aprobación de sus cuentas públicas; también será, para él, una especie de referéndum, en el que la sociedad juzgará a su administración, tanto en lo bueno como en lo malo, y será aprobado o reprobado mediante el instrumento del voto.

Entre sus facultades metaconstitucionales, está la de determinar a los candidatos y a las candidatas de las principales posiciones en disputa. No es primer gobernador que ejerza de “Gran Elector”, inclinando la balanza a favor de quienes le son cercanos y leales, y son competitivos. Sin embargo, como líder, también debe procurar los equilibrios y repartir rebanas del gran pastel del poder. Es decir, no puede quedarse con todas las candidaturas, pues eso causará división y encono, un cóctel de resentimientos sumamente peligroso para Morena.

Actualmente las tendencias son a favor de la 4T, lo que debe imperar es el modelo 2024, cuando Alejandro Armenta ganó la candidatura a la gubernatura, pero él, inteligentemente, cedió posiciones importantes a otros grupos, como fue el caso de la alcaldía de Puebla, donde la negociación con Sergio Salomón impulsó la candidatura del hoy alcalde José Chedraui.

Se aplicó la regla número uno de toda “Operación Cicatriz” que se respete: la regla de las compensaciones. Y todo Morena, salvo alguna excepción, llegó unido y fortalecido a la cita electoral, ganando prácticamente todo.

Hoy realmente no se sabe cómo Morena resolverá tantos intereses en juego rumbo a 2027. Es evidente que, para la presidencia municipal de Puebla, una de las posiciones más codiciadas.

El gobernador parece tener dos cartas sobre la mesa: por un lado, José Luis García Parra; por el otro, la ex dirigente del Congreso y nueva secretaria de Bienestar, Laura Artemisa. Podrían surgir más cartas en el transcurso de los meses, pero ello dependerá de muchos factores.