Flavia Lucila Domínguez Vergara. El canto de la lluvia

Flavia Lucila Domínguez Vergara. Nació en Tepalcingo, Morelos, México (1950). Radica en Cuautla, Morelos. Es miembro de la “Unión Hispanomundial de Escritores” y del grupo “Escribanas del Alma” en Cuautla. Es tallerista del programa Mujer: escribir cambia tu vida, promovido por la Secretaría de Turismo y Cultura en Morelos. Autora de dos libros y coautora de treinta y ocho antologías. Escribe poesía, crónica, canciones y corridos. Asiste al taller literario de Ethel Krauze desde 2015. Actualmente cursa la Licenciatura en Creación de Textos Literarios en el Centro Morelense de las Artes.

 

El canto de la lluvia

 

Afuera está lloviendo y suena triste

el canto de la lluvia en su caída.

A ratos son gemidos apagados,

lejanos, desprendidos desde el cielo.

Luego parece un llanto silencioso

de viuda embarazada, sin consuelo.

Recuerdo que en la infancia disfrutaba

jugar bajo la lluvia por la tarde,

empaparme hasta el alma con su tibio

ir y venir, llevada por el viento.

Con los años también cambió la lluvia

se tornó helada, lúgubre y doliente.

La lluvia tiene el don de la rareza

en su peregrinar excepcional.

Por momentos se aleja, pero vuelve

con un plañir punzante que taladra

golpeteando el cristal de mi ventana

entre un murmullo sordo que sisea.

¿Será que entre la lluvia viene envuelta,

custodiada por todas sus ancestras,

el alma de mi madre a visitarme?

¿Que utilizan la lluvia como el medio,

para venir a ver qué estoy haciendo?

O, ¿me estaré volviendo paranoica?

 

Niña mía

(Soneto dedicado a: Ambar Aguilar Ruiz)

 

Si alguna vez estás sola en la vida

y encuentras quien te trate con respeto

demostrándote amor limpio y completo,

agradécele a Dios ser bendecida.

 

No vaya a ser que hallándote afligida

caigas entre las garras de un sujeto

que oculte su ruindad con el objeto

de causarte una pena inmerecida.

 

No permitas que aquello que te abisma

te muestre vulnerable. Tú, procura

actuar con sobriedad e inteligencia.

 

Aprende a ser segura de ti misma

determina tu vida con mesura

y, ante todo, practica la prudencia.