
Victor de regil
Como sabemos, en días pasados, se concretó lo que parecía imposible: la terminación anticipada del contrato con la empresa de los Hank a la que se adeudaba el costo de construcción y operación del Museo Internacional del Barroco, lo que implica un ahorro firme de 8 mil millones de pesos a las arcas del estado.
Sin duda, se trata de un logro de la administración del gobernador Alejandro Armenta, tras la eficaz operación de un grupo de negociadores encabezado por el coordinador de gabinete, José Luis García Parra, acabó con uno de los capítulos más oscuros en materia de corrupción, abuso de poder y saqueo, herencia de la era morenovallista.
Y es que, la cancelación de la deuda que el estado arrastraba equivale a 10 veces el Programa de Obra Comunitaria, a miles de patrullas y a 5 veces el presupuesto anual para el campo; eso nos da una idea clara de la importancia y el impacto del acuerdo. Sin embargo, la recuperación del recinto por el que desde 2016 se pagaron más de 4 mil millones de pesos plantea desde ya el saber que pasará con este icónico museo
¿cuál es el proyecto cultural para el Museo Internacional del Barroco? ¿Cómo se va a detonar su potencial? ¿Cuál es la ruta o el plan que se seguirá para que se recupere lo invertido y se convierta en uno de los mejores del mundo, a la altura de los existentes en España, Gran Bretaña, Italia o Estados Unidos?
Recordemos que el propio gobernador Armenta dio a conocer que muy posiblemente se le cambie el nombre, para lo cual se haría una consulta ciudadana. La idea, que busca revalorar la identidad del inmueble se está afinando.
Pero claro está que un simple cambio de nombre o denominación luce totalmente insuficiente para transformarlo en un verdadero ícono de la cultura y el arte de Puebla, así como para convertirlo en visita obligada para turistas nacionales y extranjeros.
Lamentablemente, desde su inauguración, el Museo Internacional del Barroco ha sido un fracaso en cuanto a cantidad de visitantes. Un estudio realizado en 2023 por el Barómetro Turístico reportó cifras verdaderamente dramáticas: Sólo 3% de los turistas lo visita. El 6.2% prefiere el Museo Amparo.
Siguen siendo el zócalo, la Catedral y Africam Safari siguen siendo los atractivos más populares entre quienes vienen a Puebla de vacaciones.
A la fecha ningún gobernador ha logrado colocar en el lugar que merece un recinto que, paradójicamente, es valorado internacionalmente por su belleza arquitectónica (se trata de la primera obra en México del maestro Toyo Ito, el arquitecto japonés ganador del premio Pritzker), pero que en el día a día no es sino un recinto fantasma, pues incluso carece de una colección propia de obras, tanto que en sus salas sólo se exhiben exposiciones o experiencias inmersivas temporales.
Ahora que “ya es de los poblanos”, ¿en dónde está el proyecto?
¿Por qué la secretaria de Arte y Cultura, Alejandra Pacheco, no ha propuesto una estrategia que no sólo aproveche la imagen positiva que ha generado la cancelación de la millonaria deuda, sino también sirva para detonar verdaderamente el potencial de un museo que en su origen, según se dijo, causaría el efecto Guggenheim, es decir, la construcción de un hito arquitectónico sobre el que debe recaer todo el esfuerzo de regeneración de una ciudad, lo que sí sucedió en Bilbao, España?
¿Por qué la directora de Museos, María José Farfán, no ha dicho una sola palabra al respecto?
¿Existe, acaso, un proyecto museográfico que pueda desarrollarse en los siguientes meses o años?
Es deseable que pronto se presente un plan integral para que el Museo Internacional del Barroco deje de ser el “elefante blanco” que siempre ha sido y para que empiece a generar los beneficios económicos, sociales y culturales que Puebla se merece y por los cuales tantos miles de millones de pesos han pagado los poblanos.
Sí, ya se acabó el saqueo; ahora toca detonar el gran potencial del MIB, de Puebla para el mundo.