
Aristóbulo Duque Patiño. Originario de Santa Rosa de Cabal, Risaralda, Colombia. Médico con formación de especialista en México, donde se tituló como cirujano general en la Universidad de Guadalajara y cirujano plástico en el Instituto José Guerrerosantos. Autor de seis libros de poemas y novelas cortas. Algunos de sus poemas se han convertido en canciones. Recopiló la historia de la Facultad de Medicina de la Universidad Tecnológica de Pereira por sus 25 años. Fue editor en jefe de la revista digital de la institución educativa Francisco José de Caldas 75 años. Pero su mayor orgullo se lo ofrece la recuperación histórica de la producción científica del doctor José Guerrerosantos, su maestro y tutor: 45 años de innovaciones en la cirugía plástica. Su premisa de vida: “Nunca debemos olvidar que la unión de esfuerzos hace de la cultura el mejor tejido social”.
La espada samurái, una declaración de amor
De los múltiples cuestionamientos que, a diario, pasan por mi inquieta cabeza, ninguno es más errático que el que me planteo cuando quiero contestar: ¿por qué el sol que alumbra mi ventana no se ve igual al tuyo? Ese que, por el oriente, llega a ti cargado de alegría, de vida y de sueños tangibles, que dan madurez a tu corta, pero no pobre, existencia.
El sol de mi ventana ya ha calentado el frío amanecer de quien, para pasar la noche, solo se cubre con la esperanza de un mejor porvenir, pero que no se ha olvidado de agradecer por un día más de vida, porque tiene el techo más grande que alguien pudiera tener.
Este sol mío es también cómplice mudo de quien roba la vida del hermano, aquel que solo golpea la tierra para lograr de ella sustento.
Y no es el mío, y qué tan distinto es tu sol; lleva sana conciencia, a pesar de que, en la mañana, se ha reflejado en la espada samurái, la que, por sus mil dobleces, es más ejemplo de templanza y paciencia que de dureza.
Este sol de oriente ya aprendió a calentar por igual a quienes, con calma, esperan que así suceda.
Este nuevo sol no sabe ser cómplice; se sabe ganar el pan con un sudoroso trabajo y enseña que un cambio logra que una golpeada tierra se sienta tiernamente acariciada, cuando quien lo hace no empuña nada más que la espada samurái.
Después de este errático pensar, yo solo acierto a decir que, para bien cambiar, debo entregar mi alma para recibir tu espada samurái.
Entre todos podremos engañar a ese viejo sol que, al verse reflejado en tanta espada samurái, a todos nos obligará a cambiar.
Yo ya quiero decir lo que hoy tanto deseo: que el sol que entra por mi ventana es el mismo que, a diario, por tu ventana suele pasar.
Cómo decir te amo
Para decirte que te amo,
no necesito de palabras.
Solo lee mi sonrisa
que ilumina tu camino.
Para decirte que te amo,
solo escucha mi pálpito,
a ti hoy, acompasado.
Para decirte que te amo,
solo siente mis labios
con su tibieza febril de amor.
Toda una vida es corta
para que a diario
crezca mi amor por ti.
Y no alzaré mi voz
para gritarle al mundo
que te amo,
solo lo susurraré en tu oído,
porque mi mundo eres tú.