
Víctor de Regil
Aunque el calendario oficial nos sitúe todavía a la distancia, las paredes del Palacio Municipal y los pasillos del Congreso del Estado ya resuenan con los nombres de quienes aspiran a sentarse en la codiciada silla de la alcaldía capitalina en 2027. La joya de la corona no solo representa el control del municipio más poblado e influyente del estado, sino el trampolín natural para la gubernatura.
En el centro del escenario, Morena camina con la confianza que le otorga el control del aparato estatal. Sin embargo, su principal enemigo no parece estar afuera, sino en las tensiones de sus propias tribus. El actual alcalde, José Chedraui, se perfila de forma natural hacia la reelección; su gestión opera como la primera carta de presentación del partido. No obstante, la ortodoxia morenista nunca ve con total agrado el pragmatismo de la continuidad sin debate. Desde el flanco legislativo, Laura Artemisa se consolida como un perfil con amplio oficio político y nexos profundos con las bases, capaz de unificar las corrientes tradicionales. Al mismo tiempo, la irrupción mediática de Gaby «La Bonita» Sánchez aporta ese ingrediente de frescura y carisma popular que tanto gusta en las encuestas modernas, mientras que figuras históricas del movimiento, como Claudia Rivera y Alejandro Carvajal, se mantienen al acecho, recordando que el ala fundadora del partido no cederá espacios sin dar batalla.
El PAN enfrenta una crisis de identidad estructural tras haber perdido el bastión que históricamente justificaba su existencia en el estado. Con una baraja de hasta veinte nombres sobre la mesa, la dirigencia blanquiazul intenta encontrar un perfil que conecte con una clase media poblana que parece haberlos abandonado. El apellido Rivera sigue pesando, y la figura de Liliana Ortiz, diputada federal, surge como una de las apuestas más sólidas para apelar a la nostalgia del panismo tradicional y al capital político de su esposo, Lalo Rivera. Junto a ella, la experiencia combativa de Ana Teresa Aranda ofrece una opción de confrontación directa contra el oficialismo, mientras que cuadros locales como Jorge Aguilar Chedraui representan los intentos de revivir la eficiencia técnica del pasado.
El reto del PAN en la capital no es la falta de nombres, sino la falta de una narrativa creíble que convenza al electorado de que no son simplemente un club de privilegios en decadencia.
Por su parte, el PRI se encamina a una contienda que bien podría ser la de su supervivencia o su definitiva marginación. Con las siglas severamente desgastadas, los priistas de la capital intentan demostrar que sus estructuras aún respiran. Delfina Pozos Vergara y Jorge Amador Alarcón han decidido levantar la mano de manera frontal, apostando por un orgullo partidista que busca competir sin coaliciones del pasado. Acompañados por liderazgos como el del regidor Ovidio Celis, la estrategia del tricolor parece centrarse en retener su voto duro y negociar desde una posición de dignidad, sabiendo que en una elección cerrada, sus tres o cuatro puntos porcentuales pueden valer oro, o bien, significar el último clavo en su propio ataúd político.
La verdadera variable disruptiva de este proceso radica en Movimiento Ciudadano. El partido naranja ha dejado de ser un espectador testimonial para convertirse en un imán de pragmatismo puro. La incorporación del senador Néstor Camarillo sacudió el tablero completo; su postulación formal abre un boquete directo en las estructuras que antes alimentaban al bloque opositor. Pero el regreso a la luz pública de la marca dinástica de «Tony» Gali Fayad bajo las siglas de MC redefine las reglas del juego. Aunque se vista de organizador de comités, su alto nivel de conocimiento en la capital lo vuelve un contendiente automático. MC ya no juega a «perder con gracia»; juega a capitalizar el descontento de los panistas desencantados y de los priistas huérfanos, posicionándose como la verdadera alternativa al poder de Morena.
El camino hacia 2027 en Puebla capital no será una marcha triunfal para nadie. Morena tendrá que demostrar que puede gobernar sin desgastarse; el PAN deberá sanar sus heridas internas si no quiere ver sus votos migrar hacia el naranja; el PRI luchará por no volverse invisible, y Movimiento Ciudadano intentará demostrar que las sumas del pragmatismo dan resultados en las urnas. La moneda está en el aire y la capital poblana se prepara para una de las batallas políticas más sofisticadas, intensas y, sobre todo, impredecibles de su historia reciente.