Jóvenes poblanos, mal pagados

Victor de Regil

 

El panorama para los miles de jóvenes que año con año concluyen sus estudios superiores en Puebla ha dado un vuelco drástico. La promesa histórica de que un título universitario aseguraba el acceso automático a la estabilidad financiera se enfrenta hoy a un mercado laboral adverso. De acuerdo con datos del Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), el salario promedio para un profesionista con educación superior en el estado se ha estancado, posicionando a Puebla entre las ocho entidades con las remuneraciones más bajas de todo el país para este sector de la población.

Y es que, la realidad que viven los recién egresados en sus primeros empleos dista mucho de los promedios estadísticos generales. El rezago estructural del mercado local, sumado a una oferta de vacantes concentrada en sectores de bajo valor agregado, empuja a una parte considerable de los nuevos profesionistas a esquemas de subempleo, informalidad y sueldos que apenas rozan el salario mínimo legal.

Cifras del INEGI para el segundo trimestre revelan que, si bien el volumen total de personas ocupadas en Puebla creció de manera sostenida, sumando más de 118 mil nuevos puestos de trabajo, las condiciones de calidad de este empleo se deterioraron. Siete de cada diez personas que trabajan en la entidad lo hacen desde la informalidad económica, sin prestaciones, contratos formales y acceso a servicios de salud institucionales.

Exceptuando la alta especialización como el clúster automotriz y de autopartes liderado por grandes firmas alemanas, el grueso de la dinámica comercial del estado descansa sobre micro, pequeñas y medianas empresas dedicadas al comercio y a los servicios diversos. En estos, los techos salariales apenas promedian los $5,288 pesos mensuales, lo que pulveriza las expectativas económicas de cualquier joven universitario que busque insertarse en ellos.

Por el contrario, el sector mejor pagado en Puebla sigue estando representado por las plazas de Gobierno y Organismos Internacionales, las cuales promedian un ingreso mensual de $9,920 pesos. Le siguen los puestos del rubro de Transportes y Comunicaciones, impulsados por el auge logístico de la región con $9,907 pesos, y el sector de Salud, que registra medias de $9,327 pesos mensuales. No obstante, el acceso a estas vacantes formales es limitado y la competencia por una sola plaza suele dejar fuera a cientos de aspirantes cada ciclo escolar.

Egresados de disciplinas tradicionales de corte social o humanista como Psicología, Educación reportan de manera consistente que las ofertas iniciales disponibles oscilan mayoritariamente entre los $5,000 y $8,000 pesos mensuales por jornadas completas.

Esta situación resulta crítica si se contrasta con el salario mínimo general vigente en el país, fijado por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos en $315.04 pesos diarios un aproximado de $9,450 pesos mensuales por una jornada ordinaria. Esto significa que muchas empresas formales e informales ofrecen a un profesionista con cuatro o cinco años de preparación universitaria un sueldo inferior o idéntico al sueldo base garantizado por ley para cualquier puesto no calificado.

Al carecer de historial laboral comprobable, los recién egresados se ven forzados a aceptar esquemas de contratación precarizados bajo la promesa de obtener currículum, o bien, optan directamente por subemplearse en oficios ajenos a su área de conocimiento para solventar sus necesidades básicas. Estimaciones basadas en estudios de movilidad laboral muestran que a nivel nacional hasta la mitad de los universitarios no ejerce la profesión en la que se instruyó, una distorsión que en estados con alta presión laboral como Puebla tiende a agudizarse.

Los registros administrativos del IMSS confirman que la brecha salarial por género persiste con fuerza en la entidad. Las trabajadoras poblanas perciben ingresos diarios inferiores a los de sus contrapartes masculinas, acumulando un desfase salarial promedio que ronda el 26% menos en perjuicio de las mujeres dentro del mercado formal local. Esta disparidad relega con mayor frecuencia al sector femenino a puestos de menor jerarquía o a jornadas parciales con nulas garantías de crecimiento.

El reto para Puebla es que mientras la política pública local no logre incentivar de forma masiva la transición de los comercios hacia esquemas de formalidad total y no atraiga inversiones de alto valor agregado tecnológico, las universidades seguirán graduando profesionistas capacitados para un entorno que, lamentablemente, no tiene la capacidad económica para retenerlos ni remunerarlos con dignidad.