
Victor de Regil
El comercio informal en Puebla capital se mantiene como uno de los desafíos estructurales más complejos de la economía local, consolidando una fuerza laboral que supera las 184,000 personas ocupadas en este sector a nivel municipal. En el corazón de la capital, el fenómeno del ambulantaje no solo actúa como una vía de subsistencia inmediata para más de 20,000 comerciantes estimados, sino que se ha convertido en el epicentro de una intensa disputa por el espacio público, la regularización fiscal y el control del Centro Histórico.
De acuerdo con los censos más recientes de la Secretaría de Gobernación Municipal, la vía pública de la capital está dominada de forma abrumadora por la gastronomía. Las estadísticas oficiales revelan que el 78% de los ambulantes se dedica exclusivamente a la venta de alimentos. El 21.51% restante son giros de ropa, artículos de importación, joyería, juguetes y artesanías.
Esta concentración de puestos ambulantes ha provocado un impacto financiero crítico sobre los comercios legalmente establecidos. El Consejo de Comerciantes del Centro Histórico de Puebla (CCCH) reportó que la falta de penetración del consumo formal y la competencia desleal derivaron en el cierre o cambio de giro de casi 200 negocios establecidos durante los primeros siete meses del año. Esta alarmante cifra representa prácticamente la clausura de un comercio formal por día, duplicando la tasa de mortandad empresarial registrada en el mismo periodo del año anterior.
Por su parte, organismos patronales como la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados y la Cámara Nacional de Comercio señalan que la proliferación del ambulantaje genera una caída de hasta el 30% en las ventas de los restaurantes y de hasta un 40% en comercios de otros giros del primer cuadro. La asimetría operativa es profunda: mientras los vendedores informales ocupan las banquetas sin carga fiscal, los locatarios establecidos deben absorber rentas mensuales que oscilan entre los 15,000 y más de 25,000 pesos, sumado al pago de impuestos, licencias locales y prestaciones del Seguro Social para sus trabajadores.
Ante el riesgo inminente de que se pierdan cientos de empleos formales antes de las temporadas altas, el Ayuntamiento de Puebla, encabezado por Pepe Chedraui, mantiene desplegado un operativo permanente de reordenamiento comercial. La política oficial ha implementado restricciones estrictas en las zonas de mayor flujo peatonal, declarando una prohibición total al ambulantaje en el corredor de la calle 5 de Mayo. El plan gubernamental busca usar la fuerza pública para liberar vialidades clave (como la 8 Oriente y la 5 Norte) e instalar mesas de negociación con más de 20 organizaciones de comerciantes para acordar su reubicación pacífica hacia zonas controladas o mercados municipales.
Para frenar de raíz la expansión del problema, la actual administración determinó congelar el padrón regulado, por lo que no se han expedido nuevas autorizaciones para la vía pública. El municipio se limita a renovar los permisos preexistentes de poco más de 9,400 comerciantes censados con anterioridad. De forma paralela, las autoridades coordinan operativos de inspección que incluyen la clausura normativa de macrotiendas de importación y establecimientos fijos del Centro Histórico que operan con irregularidades en sus permisos de uso de suelo, medidas de protección civil o normativas laborales.
Especialistas en urbanismo y desarrollo económico advierten que, más allá de los operativos de contención policial, el verdadero reto para Puebla radica en diseñar una estrategia de formalización a largo plazo que rompa el ciclo de precarización laboral. Si no se incentivan estímulos fiscales atractivos para la transición a la legalidad y si las calles alternativas propuestas carecen de flujo peatonal real, el reordenamiento corre el riesgo de convertirse en un paliativo temporal. La urgencia es latente: de prolongarse este escenario de asfixia al sector establecido, el corazón de la Angelópolis no solo perderá su atractivo turístico internacional, sino que se enfrentará a una deserción masiva de inversionistas locales, dejando el dinamismo de la capital bajo el control total de una economía subterránea indomable.