
Gustavo Valencia Jiménez (No Tengo Cuerpo) Nacido después de 1984 en la ciudad de Puebla, México, se distingue como poeta de la mística cibernética. Es músico de cumbia gótica y post punk tropical, además de pintor especializado en psicodelia mexicana pop. Actúa también como grafitero y muralista. Posee una maestría en Ordenamiento Territorial y actualmente es doctorando en Procesos Territoriales, enfocándose en temas de regeneración urbana, cuerpo, identidad, resistencia y gestión cultural.
Te escribí un poema artificial
Te escribí un poema fantástico,
probablemente el más bello del mundo,
exuberantemente macrocósmico y fractalizado,
repleto de amor, deseo y alucinación.
Durante meses fue creciendo esta abstracción,
tomaba mil formas holográficas e incandescentes,
alimentando de pequeñas ilusiones imaginadas,
destellos de lo cotidiano hecho amor.
Fue tan grande que llegó a la monstruosidad,
sin forma y sin contenido. ¡Reventó!
no hay rastro alguno, además del gris asfalto,
pequeños trozos quedan en las sombras
cuando las lágrimas fluyen, brillan.
Ya no emocionan las ideas de lo posible,
aun teniendo pruebas de las probabilidades,
salvajes y nocturnos instantes desaparecen,
invitándonos al féretro de tu departamento,
a exponernos al delirio de la insensatez.
No quisiera dedicárselo en este momento fúnebre,
literalmente, no tienes cuerpo…
aunque tu presencia envuelve toda la materia,
Ángela del barrio Utopía,
fantasma sonriente, súcubo kawaii,
chévere inspiración, ultrasensible epifanía,
promesa de la más bella poesía sin fin.
Voy a donde debo sin preguntar
Ocasionalmente me sorprendo,
pero lo sintético, sobreexpuesto,
reduce el sentido de armonía.
Mi espíritu insensible se burla
de las variantes materiales,
inseparable hasta el final,
que ya fue.
Solo compartimos un instante de éxtasis
en el camino del sonido de sintetizadores,
con los sabores efímeros del fin.
Inventamos el sentido de la creación.
Te fuiste en la hora del Ángelus.
Imagino que aún teníamos segundos,
además de pinceladas.
Faltan horas que parezcan eternidades,
donde seamos nocturnos seres,
pero no existe nuestra historia;
nunca compartimos horas.
Las palabras son esencia robotizada,
agujas hirientes que encajaste
desde la noche de los ecos.
Hay fantasmas que tienen más vida,
monstruos que reciben amor.
El tiempo se desmorona en mi mirada,
mi cuerpo insiste en obedecer tus delirios.