
Flavia Lucila Domínguez Vergara. Nació en Tepalcingo, Morelos. Es miembro de la Real Academia Internacional de Arte y Literatura y de la Unión Hispano-Mundial de Escritores. Autora de dos libros y coautora de cuarenta y dos antologías, escribe poesía, crónicas, canciones y corridos. Asiste a talleres literarios y cursa el octavo semestre en Creación y Estudios Literarios en el Centro Morelense de las Artes.
Ayer
Salí por un momento a caminar,
me fui a dar una vuelta por el solitario parque
donde una vieja y florecida jacaranda
me regaló un saludo color lila.
Sonriente, me ofreció su rústica jardinera
en la que me senté por un buen rato
a mirar cómo el sol se estaba despidiendo.
Rayos crepusculares de sabor vespertino
dieron un espectáculo de luces que jamás olvidaré.
Vinieron a mi mente, como un río,
los recuerdos de aquellas puestas de sol
maravillosas,
disfrutadas con grata complacencia
en mis alegres y lejanos ayeres.
Me pregunté por qué me había olvidado
de contemplar a la naturaleza,
donde lo bello siempre está presente
y disponible para disfrutarlo sin costo alguno.
Pero, al igual que a todos los humanos,
me envolvió la rutina en su pegajosa maraña.
Me levanté, miré a la jacaranda;
le dije: hoy sé por qué vives y te miras tan alegre.
Te bañas con el sol durante el día
y por la noche, la luna te regala
suaves caricias de su luz tenue y discreta.
Cada tarde volveré, te lo prometo,
para gozar contigo del escenario
que, sobre el horizonte,
el sol ofrezca al despedirse,
en tanto va dejando
crepusculares rayos en el cielo.
Así me despedí de aquella vieja
y florecida jacaranda que, al moverse,
selló un pacto conmigo
con tres pequeñas flores que dejó caer en mi cabeza.
Ahora,
vuelvo comprometida y llena de empatía
para cumplir mi serio compromiso.
Y con el pretexto de ir a caminar,
en bien de mi salud,
salí de casa.
Daré una vuelta por el solitario parque,
luego, me sentaré en la rústica jardinera
de aquella jacaranda,
igual que ayer.